En un giro inesperado de los eventos, Canadá ha decidido imponer aranceles a EE.UU. tras el fracaso de las negociaciones comerciales. Las declaraciones del vicepresidente estadounidense JD Vance, filtradas por la agencia Canadian Press, han añadido tensión a una situación ya delicada. Vance describió al primer ministro canadiense Mark Carney como un «tipo muy amable» que «entra, saca pecho y dice: ‘Voy a ser más duro que Donald Trump'», calificando este enfoque como «hilarante».

Estas declaraciones, aunque no fueron la causa directa del fracaso de las negociaciones, sin duda no ayudaron. Carney decidió poner fin a las negociaciones sobre un nuevo acuerdo comercial, iniciando una nueva ola de imposición de aranceles entre dos países vecinos que tienen un comercio bilateral anual de más de US$872.000 millones.

El contexto de la tensión comercial

La fricción entre EE.UU. y Canadá no es nueva. Se remonta al primer gobierno de Trump y a las negociaciones que dieron origen al T-MEC, el acuerdo que reemplazó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de la década de 1990. Además, surgieron enfrentamientos personales entre Trump y el entonces primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.

Trump ha hablado de Canadá como el «estado número 51» de EE.UU. y se ha referido a Trudeau como su «gobernador». Esta perspectiva geopolítica posiciona a EE.UU. como una potencia hemisférica con derecho a ejercer influencia política, militar y económica sobre la región, incluyendo a Canadá. Los funcionarios del gobierno estadounidense consideran que Canadá contribuye demasiado poco a la defensa regional, al tiempo que se beneficia desproporcionadamente del comercio con su vecino del sur.

La estrategia de Trump y sus implicaciones

En la visión del mundo de Trump, donde la seguridad económica y la seguridad nacional están intrínsecamente ligadas, Canadá y México, dos de los socios comerciales más importantes de EE.UU., se convirtieron en objetivos obvios desde el principio. «Si escuchas a cualquier persona en los Departamentos de Estado, Hacienda o Comercio, oirás la frase ‘la seguridad económica es seguridad nacional'», dijo Drew DeLong, jefe de estrategia política corporativa en el centro de estudios Kearney Foresight.

A principios de este año, mientras las negociaciones comerciales norteamericanas avanzaban torpemente, la atención de Trump se desvió de Canadá hacia sus intervenciones militares en Venezuela y luego en Medio Oriente. Sin embargo, la línea central de la estrategia internacional de Trump se mantiene constante: Estados Unidos es una potencia dominante capaz de imponer su voluntad en beneficio nacional.

El poder de Trump puesto a prueba

El poder de Trump no es ilimitado. Durante su segundo mandato, se han puesto constantemente a prueba esos límites. Si bien existen diferencias evidentes entre una guerra abierta en Irán y una disputa comercial con Canadá, las lecciones no son muy distintas. En ambos casos, Estados Unidos se enfrenta a un adversario que, a pesar de tener mucho menos poderío militar, conserva los medios para tomar represalias.

Para Irán, esa ventaja reside en atacar a los aliados de Estados Unidos e interrumpir el comercio mundial amenazando puntos estratégicos marítimos como el estrecho de Ormuz. Canadá, por su parte, comienza a poner a prueba su capacidad para infligir daño económico, y los aranceles selectivos anunciados este martes constituyen un primer paso. Entre las medidas futuras podrían estar la restricción del acceso de Estados Unidos a la energía y los minerales críticos canadienses, además de boicots de consumidores a productos estadounidenses.

«A medida que el mundo se adentra en un escenario de mayor seguridad económica, se observa cómo este juego de puntos estratégicos y oportunidades de negociación continúa desarrollándose a lo largo de las cadenas de suministro», afirmó DeLong. Los países solo tienen que estar atentos, añadió.

Por el momento, las vías de escape son escasas. Trump ha intensificado su retórica, acusando repetidamente a Canadá de «estafar» a Estados Unidos, mientras que el primer ministro de Ontario, Doug Ford, le respondió diciéndole al presidente estadounidense que «se fuera al diablo».

«Creo que cada vez que alejamos a nuestros aliados y socios, los incentivamos a buscar nuevas relaciones y nuevas alianzas en lugar de intentar ceder a las exigencias de Estados Unidos», dijo Imran Bayoumi, subdirector de la Iniciativa de Geoestrategia del Atlantic Council.