El 8 de agosto de 2026, Colombia dio la bienvenida a un nuevo capítulo en su historia política con la asunción de Abelardo de la Espriella como presidente. Este abogado penalista de 48 años, conocido por su retórica contundente y sus posturas ultraderechistas, ha prometido un gobierno de cambio radical aunque sus primeras acciones ya han generado controversia.

De la Espriella, quien derrotó al senador de izquierda Iván Cepeda en las elecciones del 21 de junio, ha comenzado su mandato con un discurso que mezcla gestos institucionales con amenazas y declaraciones grandilocuentes. Su juramentación, realizada en el Batallón Pichincha en Cali, en lugar del tradicional Capitolio Nacional en Bogotá, fue un primer indicio de su estilo de gobierno.

Un discurso de contrastes y promesas

Desde el cuartel militar, De la Espriella pronunció su primer discurso como presidente, dirigido no a los poderes civiles, sino a la tropa. «El Tigre ha llegado y sabrán lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano», declaró, utilizando un lenguaje que ya ha sido criticado por su tono belicoso.

Sin embargo, no todas sus declaraciones fueron de confrontación. Citó al dirigente histórico del Partido Conservador Álvaro Gómez Hurtado, diciendo: «Tenía razón: la violencia no ha solucionado ningún problema de Colombia, sólo ha multiplicado nuestras tragedias». Esta afirmación contrasta con su promesa de revivir políticas de seguridad que incluyen el terrorismo de Estado y el paramilitarismo, prácticas que alcanzaron su clímax durante el gobierno de Álvaro Uribe.

Políticas de seguridad y controversias

De la Espriella ha prometido desatar una guerra contra el crimen que incluye fumigaciones con glifosato sobre plantaciones de coca, una medida que ya ha sido criticada por su impacto en cultivos lícitos y en la salud de los campesinos. Además, ha anunciado su intención de unirse al Escudo de las Américas una alianza liderada por Donald Trump que busca combatir el narcotráfico en la región.

Su discurso también incluyó promesas de cadena perpetua para maltratadores de mujeres y niños, una medida que ha sido declarada inexequible por la Corte Constitucional. «Proteger a las mujeres y a los niños constituye uno de los deberes más importantes del Estado», afirmó, aunque sus acciones pasadas sugieren un enfoque más represivo que protector.

Un gabinete de élites y promesas económicas

El gabinete de De la Espriella está conformado por miembros de la oligarquía colombiana, familiares y aliados de los clanes políticos que lo apoyaron. Entre ellos se encuentra la ministra de Deporte, hermana del poderoso alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y la ministra de Salud, dirigente del gremio que agrupa a las aseguradoras que han sido criticadas por negar servicios a los ciudadanos.

En el ámbito económico, De la Espriella ha prometido reactivar la economía del despojo, dando vía libre a petroleras y mineras. «Recuperar Ecopetrol será una prioridad definitiva y absoluta», declaró, señalando su intención de explotar las reservas de petróleo y gas que el gobierno anterior había detenido.

También anunció un congelamiento del gasto público para poner «la casa en orden», aunque ha prometido que la austeridad no recaerá sobre quienes más necesitan la protección del Estado. «El régimen que abandona el poder impulsó un crecimiento desmedido del gasto, en base a un endeudamiento que debilitó las finanzas públicas», criticó.

Con estas medidas, Abelardo de la Espriella ha marcado el inicio de un gobierno que promete ser tan controvertido como su retórica. Solo el tiempo dirá si sus promesas se convertirán en realidad o si, por el contrario, Colombia enfrentará tiempos aún más oscuros.