El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Cali dejó una ciudad en necesidad de ayuda. Ante esta situación, no solo los caleños han respondido, sino también extranjeros que se encontraban en la ciudad o que llegaron expresamente para contribuir. Sus historias de solidaridad y empatía son un testimonio del espíritu humano en momentos de crisis.

En la Unidad Deportiva Alberto Galindo, un centro de acopio se ha convertido en el corazón de la solidaridad. Aquí, voluntarios de diversas nacionalidades trabajan codo con codo para organizar y distribuir ayudas a los damnificados. La Alcaldía de Cali ha reportado una disminución en el número de voluntarios, pasando de 1100 personas diarias a 350 en los últimos días, lo que hace más crucial la participación de cada individuo.

Historias de solidaridad internacional

Clara Francois, una turista belga, llegó a Cali con el sueño de disfrutar de la salsa y la cultura caleña. Sin embargo, el terremoto cambió sus planes. En lugar de continuar su viaje, decidió quedarse y ayudar en el centro de acopio. «Me tocó aquí el terremoto y no podía irme sin ayudar», comentó Clara, quien ha estado asistiendo casi a diario desde hace una semana.

Eva Pavai-Morche, una profesora alemana, también cambió sus planes. Llevaba 12 días en Cali cuando ocurrió el sismo. «No puedo hacer nada que quisiera. No podría ir a bailar o hacer recorridos. Me gusta más ayudar de esta manera», explicó Eva, destacando la fortaleza y solidaridad de los caleños.

Hailey, una profesora estadounidense, se conmovió por las imágenes del terremoto y decidió viajar desde Medellín para ayudar. «Me encanta este país y quiero ayudar en cualquier cosa que pueda», expresó Hailey, quien se encarga de revisar y organizar los productos donados.

El espíritu de ayuda sin límites

Danilo Casallas, un caleño con discapacidad física, es un ejemplo de que las limitaciones no son un obstáculo para ayudar. «Me motivó el sentido de pertenencia como caleño que soy. Las discapacidades, para mí, solo están en la mente», comentó Danilo, invitando a otros a unirse a la causa.

Any Palacios, estudiante de Medicina y coordinadora del área de pañales en el centro de acopio, ha visto de cerca la disminución en el número de voluntarios. «Al principio venía mucha gente, incluso se quejaban de que no los dejaban entrar. Ahora, después de una semana larga, se nota la diferencia. Necesitamos voluntarios; necesitamos manos», señaló Any.

Andrés Darío Ospina, conocido como ‘Mapú’, coordinador de bienestar del voluntariado, detalló que en los primeros días llegaron a tener 1000 o 1100 personas por jornada. «Ahora estamos teniendo aproximadamente 350», indicó, haciendo un llamado a la ciudadanía para que se acerque y apoye.

Un llamado a la acción

La solidaridad no conoce fronteras, y en Cali se ha visto reflejada en cada uno de los voluntarios que han dejado sus planes personales para ayudar a los damnificados. Desde turistas hasta profesionales, todos han encontrado en esta ciudad un motivo para unir sus fuerzas y contribuir en la reconstrucción.

El centro de acopio en la Unidad Deportiva Alberto Galindo sigue recibiendo donaciones y necesita más manos para organizar y distribuir las ayudas. Los horarios de atención son de 8:00 a. m. a 12:00 m. y de 2:00 p. m. a 8:00 p. m., aunque las jornadas pueden extenderse ante la llegada nocturna de donaciones.

La invitación está hecha: Cali necesita más voluntarios para seguir adelante en estos momentos difíciles. La solidaridad y el trabajo en equipo son la clave para superar esta tragedia y reconstruir una ciudad más fuerte y unida.