El territorio mexicano se encuentra bajo la constante presión de fenómenos naturales que combinan actividad sísmica y ciclónica. Desde el sismo de magnitud 7.4 que sacudió Ciudad Hidalgo, Chiapas, el 17 de julio, se han registrado 2 823 réplicas hasta las 20 h del 3 de octubre, según el Servicio Meteorológico Nacional. Esa cifra refleja la vigencia de la zona de alta sismicidad que proviene de la interacción de cinco placas tectónicas: Caribe, Norteamérica, Pacífico, Rivera y Cocos.

Actividad sísmica reciente y datos del 3 de octubre

El Servicio Sismológico Nacional (SSN) mantuvo un monitoreo en tiempo real el domingo 4 de octubre, transmitiendo cada movimiento telúrico detectado en el país. Entre los sismos del 3 de octubre se destacaron magnitudes entre 2,4 y 4,4, con epicentros dispersos desde Mapastepec, Chiapas (188 km al suroeste) hasta Sayula de Alemán, Veracruz. Por ejemplo, a las 20:14 h se registró un sismo de magnitud 4,2 a 16,1 km de profundidad, ubicado en coordenadas 14.173° N, -94.051° W. Otros eventos incluyeron magnitudes de 3,4 a 3,9 en Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Veracruz, mostrando la diversidad geográfica de la actividad telúrica.

Impacto económico y brecha de seguros

La Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) reveló que los reclamos por sismos aumentaron un 228 % entre el primer semestre de 2025 y el mismo periodo de 2026. A pesar de ese crecimiento, tres de cada cuatro viviendas siguen sin contar con ningún tipo de póliza. La vulnerabilidad es más notoria en estados con mayor exposición sísmica: sólo el 5,4 % de las viviendas en Oaxaca, el 8,2 % en Chiapas y el 10,1 % en Guerrero están aseguradas. El Servicio Sismológico Nacional reportó cerca de 40 000 sismos en 2025, y el terremoto de julio dejó aproximadamente 400 viviendas dañadas en 17 municipios, aumentando la urgencia de reforzar la cobertura de riesgos.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de CONAGUA anticipó una temporada de ciclones activa en el Pacífico, con entre 18 y 21 sistemas, y una actividad ligeramente por debajo del promedio en el Atlántico (11-15 ciclones). Las lluvias intensas, vientos y oleaje pueden comprometer azoteas, fachadas y muros especialmente cuando la impermeabilización está deteriorada. Ricardo Rojas, gerente de marketing de Imperquimia, destacó: «México convive de manera permanente con huracanes y sismos, y la diferencia entre un daño menor y uno mayor suele estar en la prevención. Proteger las edificaciones de la humedad, revisar su estado después de cada evento y dar mantenimiento a tiempo son decisiones que resguardan el patrimonio de las familias y prolongan la vida útil de sus viviendas».

Entre las medidas recomendadas se encuentran la inspección de sellados y recubrimientos antes del inicio de la temporada lluviosa, la reparación inmediata de grietas y la vigilancia de signos de deterioro estructural como fisuras profundas o desplazamientos visibles. Ante cualquier daño visible, la evacuación y la valoración por un especialista o la Protección Civil son pasos esenciales para evitar riesgos mayores.

En síntesis, la combinación de una alta actividad sísmica y una temporada ciclónica por encima del promedio demanda una cultura de prevención robusta. Tanto la contratación de seguros adecuados como el mantenimiento preventivo de las construcciones representan la primera línea de defensa para proteger el patrimonio familiar frente a futuros eventos naturales.