Una mañana cualquiera en el borde occidental de Taiz se transformó en un espectáculo de ruido y terror. Un soldado acompañante, al observar el pequeño aparato volador que sobrevolaba la zona, exclamó: “Este es el primer dron” y añadió que «normalmente le sigue un ataque». En menos de diez minutos, una serie de explosiones resonó sobre las laderas, aunque la ubicación exacta de los impactos resultó imposible de identificar.

El territorio montañoso que rodea la ciudad se ha convertido en una zona de incertidumbre donde la línea del frente se difumina. Las fuerzas progresistas apoyadas por Arabia Saudita intentan recuperar territorio frente a los combatientes hutíes, quienes a principios del mes avanzaron rápidamente desde la costa del mar Rojo tomando el puerto estratégico de Mokha. Ese día, el 10 de septiembre el control de Mokha les permitió dominar la zona que controla el estrecho de Bab el-Mandeb un corredor vital para el comercio marítimo entre Europa y Asia.

Ofensiva hutí y control de Mokha

La captura de Mokha significó un punto de inflexión. A partir de ese momento, los rebeldes intensificaron sus operaciones en los alrededores de Taiz, lanzando morteros y, según testigos, empleando por primera vez drones en la región. La proximidad de la ciudad al estrecho de Bab el-Mandeb convierte a Taiz en una pieza clave del tablero estratégico, pues el control de esas rutas puede influir directamente en los precios del petróleo y en la seguridad de la navegación internacional.

Las fuerzas del Consejo de Liderazgo Presidencial de Yemen con sede en Adén respondieron movilizando unidades a lo largo de la frontera entre sus dominios y el territorio controlado por los hutíes. En los puestos de control cercanos al frente, los combatientes describieron la pérdida de dieciocho soldados gubernamentales cuyos cuerpos quedaron en una zona cubierta por fuego pero inalcanzable para sus compañeros. «Disparamos por encima de ellos, pero no podemos recuperarlos», relató uno de los soldados.

El sufrimiento de la población civil

Entre los habitantes atrapados en medio del enfrentamiento destaca Ali, quien vive a un kilómetro de la línea de fuego. Sentado frente a su casa con un rebaño de cabras, informó que dos proyectiles de mortero cayeron sobre su propiedad. Ante la creciente intensidad de los bombardeos, mandó a sus hijos a un campamento de desplazados y decidió quedarse con su esposa y hermanas para proteger a los animales que les sustentan.

Ali, con la voz temblorosa, confesó: “Estoy aterrado” pero explicó que abandonar a sus cabras significaría morir de hambre. Su testimonio ilustra la difícil elección que enfrentan cientos de familias que deben decidir entre la seguridad y la subsistencia. En otro caso, una niña de 12 años, llamada Ghana, resultó gravemente herida cuando una esquirla de mortero impactó en su cabeza mientras pastoreaba. El personal médico que la atendió informó que la lesión le ocasionó daño cerebral permanente.

Respuesta gubernamental y llamado a la movilización

Ante la expansión hutí, el gobierno ha intensificado sus operaciones aéreas y terrestres en la provincia de Taiz. Según comunicados del centro de medios militares, se han llevado a cabo ataques contra posiciones hutíes en varios distritos, dañando vehículos militares y neutralizando a comandantes en el terreno. Estas acciones pretenden frenar la ofensiva y recuperar posiciones estratégicas, como los puntos elevados que dominan la ruta sureña de la ciudad.

El presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial de Yemen ha convocado a la población a sumarse a la lucha, ofreciendo amnistía a quienes abandonen a los hutíes. La apelación busca reforzar la defensa en una zona que, según los propios relatos de los combatientes, se ha convertido en una «tierra de nadie» donde los enfrentamientos son constantes y la vida civil se vuelve cada vez más precaria.

El panorama en Taiz refleja un conflicto que se ha desplazado de los frentes estáticos a una guerra de velocidad, donde el uso de drones y la capacidad de lanzar morteros a gran distancia han redefinido la forma de combatir. Mientras los partisanos hutíes reagrupan sus tropas y planifican nuevas ofensivas, la población civil sigue atrapada entre los ecos de los explosivos, el zumbido de los drones y la constante incertidumbre de no saber qué día llegará el siguiente impacto.