El 10 de agosto de 2026 un fuerte sismo sacudió el suroccidente colombiano, afectando ciudades como Cali y regiones del Pacífico, Chocó, Valle del Cauca y Cauca. Los daños fueron visibles en viviendas, infraestructura y servicios públicos, pero una herida menos evidente quedó en el aumento del trabajo no remunerado que recae mayoritariamente sobre las mujeres.
Cuando los sistemas de educación y salud se interrumpen, las tareas que antes se delegaban a instituciones públicas pasan a las familias. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) del DANE, el 89,8 % de las mujeres dedica en promedio 7 horas y 35 minutos al día al cuidado no remunerado frente a los 3 horas y 14 minutos de los hombres. En zonas rurales y centros poblados esa cifra sube a 8 horas y 35 minutos, lo que implica una duplicación de la carga tras el terremoto.
Vulnerabilidad y mortalidad femenina
Los datos del Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM) revelan que el 57 % de las víctimas mortales del sismo fueron mujeres, cifras que en Cali ascienden al 63 %. Además, el 70 % de los fallecimientos correspondieron a mujeres de 60 años o más, evidenciando una vulnerabilidad estructural que se agudiza en situaciones de desastre.
«Cuidar abarca el sostenimiento de la vida diaria: desde la preparación de alimentos y el aseo, hasta el acompañamiento emocional y la atención de personas enfermas o dependientes», afirma Soraya Husain Talero directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia. «En momentos de emergencia, esta labor sostiene la respuesta comunitaria, pero también expone a las mujeres a un mayor riesgo», añade.
Impacto económico y la «pobreza de tiempo»
Más de la mitad (52 %) de los micronegocios dirigidos por mujeres operan desde la vivienda. Cuando una casa se daña, se pierden simultáneamente el hogar, el espacio de producción y la fuente de ingreso. Esta combinación genera lo que el DANE denomina pobreza de tiempo la acumulación de tareas de cuidado que reduce la posibilidad de descanso, autocuidado y generación de recursos.
Jakeline Adarve, fundadora de la empresa Oruma, relata su experiencia: «El terremoto nos tocó de cerca; una persona de nuestro equipo perdió su casa. En mi caso la carga aumentó porque ya no era solo atender a mi familia y mi negocio, sino también acompañar a quienes lo estaban pasando mal». Su testimonio ilustra cómo la emergencia obligó a combinar roles de madre, emprendedora y cuidadora, sin posibilidad de delegar.
Territorios, retos y propuestas de reconstrucción
El balance oficial de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) indica que el sismo impactó a 15 departamentos y 476 municipios. En áreas como Chocó, Valle del Cauca y Cauca, la geografía y la escasa accesibilidad a servicios intensifican las barreras para que las mujeres mantengan sus actividades diarias.
Ante este panorama, la Fundación WWB Colombia propone seis líneas de acción para que la reconstrucción incluya una perspectiva de género:
- Crear guarderías y ludotecas temporales que liberen tiempo a las cuidadoras.
- Fortalecer redes comunitarias de relevo para el cuidado de personas mayores o con discapacidad.
- Implementar tecnologías y equipamiento (filtros de agua, cocinas eficientes) que alivien tareas domésticas.
- Establecer espacios de atención psicosocial y círculos de escucha.
- Garantizar entornos seguros que prevengan la violencia basada en género en puntos de asistencia.
- Incorporar indicadores de tiempo dedicado al cuidado y asignar recursos específicos a esos servicios.
Estas medidas buscan que la recuperación no solo repare paredes, sino que devuelva tiempo y autonomía a quienes sostienen la vida cotidiana.



