Al recorrer los pasillos de un supermercado, es común encontrarse con la duda de qué pollo elegir. ¿El de piel blanca o el de piel amarilla? Muchos consumidores asocian el color con la calidad, pero esta percepción no siempre es correcta. En España, se consumen alrededor de 14 kilogramos de pollo por persona al año lo que lo convierte en una de las carnes más populares. Sin embargo, el color de la piel no es un indicador fiable de su calidad.
Carlos Porta, CEO de Carnes del Corral ha aclarado que el color del pollo depende principalmente de la alimentación la genética y las condiciones de crianza. A continuación, exploramos estos factores y otros aspectos clave que determinan la calidad del pollo.
Factores que influyen en el color del pollo
El color de la piel del pollo puede variar significativamente, y uno de los principales factores es la alimentación. Los piensos ricos en carotenoides como el maíz, aportan pigmentos que se acumulan en la piel y la grasa subcutánea, dando un tono amarillento. En cambio, cereales como el trigo o el sorgo, que contienen menos pigmentos, pueden resultar en una piel más clara.
La genética también juega un papel crucial. Diferentes razas de pollos tienen capacidades distintas para absorber y acumular pigmentos. Por ejemplo, algunas razas destinadas a la comercialización pueden tener un color más intenso debido a su genética. Además, las condiciones climáticas pueden afectar el consumo de alimento y la acumulación de grasa, modificando el color del pollo según la época del año.
Calidad del pollo: más allá del color
El color de la piel no debería ser el único elemento a considerar al elegir un pollo. Según Carlos Porta, aspectos como el ritmo de crecimiento y la edad al sacrificio son mucho más importantes. En Carnes del Corral, trabajan con líneas de crecimiento lento y crianza al aire libre, lo que permite que las aves se desarrollen durante más tiempo. La ficha técnica de uno de sus pollos camperos indica una edad mínima de sacrificio de 81 días y crianza con acceso al exterior.
La alimentación la genética el sistema de crianza y la edad del animal aportan mucha más información sobre sus características que el simple color de la piel. Por ejemplo, un pollo de corral no tiene por qué ser amarillo para ser de mejor calidad. La textura y la jugosidad de la carne dependen en gran medida de la edad del animal y el ejercicio que ha realizado durante su vida.
Cómo identificar la calidad del pollo
Para identificar correctamente la calidad de una carne, es importante fijarse en el etiquetado oficial. Existen varios tipos de pollos que podemos encontrar en las etiquetas:
- Pollo estándar Criado en granjas intensivas en interiores, con un ciclo de vida corto de aproximadamente 40 días.
- Pollo certificado Tiene un ciclo de vida superior, lo que permite que la carne madure y tenga mejor textura.
- Pollo campero o criado en libertad Tiene acceso a corrales al aire libre y un periodo de cría de mínimo 81 días.
- Pollo ecológico u orgánico Cuenta con el sello de certificación ecológica y se alimenta con grano orgánico libre de transgénicos, pasando la mayor parte de su vida al aire libre.
El color del pollo no tiene relación con su sabor y valores nutricionales. Ambos tipos de pollos, si han sido criados en las mismas condiciones, tienen científicamente el mismo valor nutricional. La percepción de que un pollo amarillo es mejor que uno blanco es un mito que debe ser desmentido.
El color de la piel es solo una parte de la historia y no debe ser el único criterio de selección. Con esta información, podrás tomar decisiones más informadas y disfrutar de un pollo de calidad en tu mesa.



