En la reciente Asamblea General Anual de la Asociación Internacional de Aeropuertos (ACI), los líderes del sector revelaron que la zona latinoamericana deberá financiar 178 mil millones de dólares en los próximos 25 años para adaptar su infraestructura aeroportuaria a una demanda que se espera duplique el número de pasajeros para mediados del siglo.

Pronóstico de demanda y cifras de inversión

Los cálculos indican que el tráfico mundial alcanzará los 19,8 mil millones de viajeros en 2047, lo que implica un crecimiento medio anual del 3,5 %. En América Latina y el Caribe, el flujo de pasajeros ya mostró un aumento del 1,9 % en la primera mitad de 2026, y se proyecta que para 2045 la cifra se acerque a 1,5 mil millones. Para sostener este salto, la inversión anual tendría que pasar de 3,4 mil millones a cerca de 8,7 mil millones de dólares al año.

Modelos de concesión y casos de éxito

Rafael Echevarne, director general de ACI-LAC resaltó que la iniciativa privada, a través de concesiones bien estructuradas, se ha convertido en el motor principal del desarrollo aeroportuario. México se presenta como el ejemplo más citado: los aeropuertos gestionados por OMA, GAP y ASUR operan bajo contratos quinquenales que incluyen planes de inversión claros y flexibles, permitiendo ajustes rápidos a las condiciones del mercado. Este modelo ha colocado a América Latina como la región con mayor número de aeropuertos bajo gestión privada, generando tanto conectividad como rentabilidad para los inversores.

Desafíos estructurales y propuestas regulatorias

Aunque la demanda crece, la capacidad de muchas instalaciones está al borde de la saturación. En la última década, el número de aeropuertos con limitaciones operativas aumentó un 36 %. Para evitar cuellos de botella, los dirigentes de ACI abogan por una simplificación de los procesos administrativos y la eliminación de regulaciones que retrasen la llegada de capital. Además, subrayan la necesidad de modernizar la política de slots entendida como la asignación de franjas horarias, para que se convierta en una herramienta estratégica que favorezca la competencia y la expansión de rutas.

El mensaje central es que los ministerios de Hacienda deben mirar más allá de los ingresos inmediatos y reconocer el valor económico de la conectividad aérea. Invertir en capacidad aeroportuaria no solo impulsa el turismo, sino que también crea empleo y fortalece la integración regional. Sin un marco regulatorio estable y una visión a largo plazo, la inversión requerida podría fragmentarse o quedar incompleta.

El éxito dependerá de la colaboración entre gobiernos, sector privado y organismos internacionales, alineando procesos de concesión, políticas de slots y planes de expansión para que la red aeroportuaria latinoamericana pueda absorber el flujo de pasajeros que se espera duplicar en los próximos veinte-y-algo años.