El 26 de agosto una repentina crecida de los ríos Trishuli y sus afluentes provocó una ola de agua y lodo que arrasó el norte de Nepal y parte del Tíbet. En menos de 24 horas, cientos de asentamientos quedaron bajo metros de barro, carreteras y puentes fueron destruidos y la infraestructura básica quedó paralizada. Según los últimos reportes, el número de fallecidos supera los 1.400 y se contabilizan 5.130 personas desaparecidas entre ellas alrededor de 600 extranjeros procedentes de 35 países. La magnitud del desastre ha convertido la región en una zona de emergencia humanitaria sin precedentes.

Las comunidades de los distritos de Nuwakot, Rasuwa y Katmandú continúan buscando respuestas mientras las labores de rescate siguen en pie. Las viviendas fueron destruidas o quedaron inhabitables, el suministro de agua quedó contaminado y los servicios esenciales, como la electricidad y la salud, se vieron gravemente afectados. A medida que la población intenta reorganizarse, la prioridad pasa a encontrar refugio, acceso a atención médica y, en el mediano plazo, la reconstrucción de sus vidas.

Respuesta inmediata y búsqueda de víctimas

Las autoridades nepalíes han movilizado equipos de rescate, helicópteros y excavadoras para retirar escombros y localizar a los desaparecidos. En el distrito de Nuwakot, excavadoras trabajan sin descanso removiendo montículos de lodo que ocultan casas sepultadas. Sobita Rijal, de 35 años, conserva las llaves de su casa de tres plantas, ahora medio hundida bajo los restos; ella y su esposo Badri Prasad Rijal viven en una habitación alquilada, compartiendo espacio con otras familias desplazadas.

Karan Tamang, residente de Rasuwa, caminó durante horas por bosques ennegrecidos para regresar a su aldea, solo para encontrarla desaparecida bajo una capa de barro. “Lo que realmente quiero es que mis padres vuelvan… pero eso no es posible”, comentó entre lágrimas. Mientras tanto, el adolescente Karma Lama, de 17 años, perdió a sus padres y a cinco familiares cuando la corriente lo arrastró en su camino a la escuela. Desde un refugio temporal, Lama declaró a la AFP: “Necesitamos viviendas, necesitamos medios de subsistencia… Los grandes países del mundo deben conocer nuestra situación”.

Clamor por justicia climática en la ONU

El joven primer ministro Balendra Shah, de 36 años, planifica presentar ante la Asamblea General de Naciones Unidas una solicitud de compensación por pérdidas y daños vinculada al cambio climático. Los científicos de World Weather Attribution califican el evento como una “crisis compuesta”, resultado de calentamiento global a largo plazo, retroceso glaciar y deshielo del permafrost. Nepal, que aporta una fracción mínima a las emisiones mundiales, estima que la reconstrucción requerirá 4.780 millones de dólares sin incluir el costoso proceso de reasentamiento de miles de desplazados.

En 2025, la comunidad internacional acordó crear un fondo para cubrir “pérdidas y daños” de naciones vulnerables, pero los desembolsos aún no se han iniciado. Manjeet Dhakal de Climate Analytics sostiene que la tragedia del Himalaya brinda a Nepal una base sólida para exigir a los países ricos una reducción urgente de sus emisiones y una mayor financiación climática. Narayan Prasad Khatiwada, superviviente de 51 años, insiste: “Nuestro dolor es profundo, muy profundo. Espero que el primer ministro transmita un mensaje contundente”.

Las inundaciones también ponen en riesgo el suministro de agua de los glaciares del Hindu Kush-Himalaya, que alimentan a cerca de 240 millones de personas en áreas montañosas y a 1.650 millones más en el sur y sudeste de Asia. La presión internacional sobre Nepal aumenta, mientras el país debate la reconstrucción de infraestructuras críticas, como centrales hidroeléctricas y corredores comerciales, en un terreno extremadamente frágil.