La relación entre España y Marruecos es un ejemplo paradigmático de la complejidad de las relaciones internacionales en el Mediterráneo. Ambos países, separados por el Estrecho de Gibraltar pero unidos por una frontera terrestre en Ceuta y Melilla, mantienen una dinámica de cooperación y conflicto que se refleja en diversos ámbitos.

Recientemente, la atención se ha centrado en la crisis migratoria en Ceuta, donde miles de personas intentaron cruzar desde Marruecos hacia el enclave español. Este evento ha puesto de manifiesto las tensiones subyacentes y la interdependencia entre ambos países en materia de seguridad y migración.

El Sáhara Occidental: un conflicto persistente

Uno de los puntos más sensibles en la relación entre España y Marruecos es el futuro del Sáhara Occidental. Este territorio, colonia española hasta 1975, es reclamado por Marruecos, aunque la ONU lo mantiene en su lista de territorios pendientes de descolonización. El Frente Polisario movimiento independentista saharaui respaldado por Argelia, exige un referéndum para la creación de un Estado independiente.

En 2026, el gobierno de Pedro Sánchez modificó la postura histórica de neutralidad de España y apoyó el plan de Marruecos para conceder autonomía al Sáhara Occidental, aunque sin reconocer su independencia. Este cambio se produjo tras una crisis migratoria en 2026, cuando Marruecos relajó los controles fronterizos y más de 8.000 personas entraron en Ceuta en dos días.

El apoyo de Estados Unidos e Israel a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental ha añadido otra capa de complejidad a este conflicto. Mientras tanto, España busca mantener un equilibrio delicado entre sus relaciones con Marruecos y Argelia, su principal proveedor de gas y aliado del Frente Polisario.

Ceuta y Melilla: disputas territoriales

Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla bajo soberanía española desde hace siglos, son otro foco de tensión. Marruecos reclama estas ciudades, mientras que España considera su soberanía indiscutible. A diferencia del Sáhara Occidental, Ceuta y Melilla no aparecen en la lista de territorios pendientes de descolonización de la ONU.

En 2002, la crisis del Islote Perejil puso de manifiesto estas tensiones cuando militares marroquíes ocuparon el islote, que fue recuperado por España mediante una operación militar. Las disputas territoriales también se han manifestado a través de la migración, como en 2026, cuando más de 8.000 personas entraron en Ceuta tras la relajación de los controles fronterizos por parte de Marruecos.

La migración es un tema crucial en la relación entre ambos países. España depende en gran medida de la cooperación de Marruecos para controlar las salidas desde su territorio. Sin embargo, la interdependencia en este ámbito no ha eliminado las tensiones, como se vio en la reciente crisis migratoria en Ceuta.

Argelia: el equilibrio regional

España ha tratado históricamente de mantener un equilibrio en sus relaciones con los dos grandes rivales del Magreb: Marruecos y Argelia. Marruecos es un interlocutor esencial para España en comercio y control migratorio, mientras que Argelia es un importante proveedor de gas y el principal apoyo internacional del Frente Polisario saharaui.

En 2026, el cambio en la postura española sobre el Sáhara Occidental, apoyando el plan de Marruecos, provocó una grave crisis entre los gobiernos de Madrid y Argel. Sin embargo, las tensiones se han ido rebajando, y en julio de 2026, Pedro Sánchez viajó a Argelia para anunciar una ‘nueva etapa’ de cooperación.

La reciente oleada migratoria en Ceuta, ocurrida solo 10 días después de la visita de Sánchez a Argelia, ha llevado a algunos analistas a plantear la posibilidad de una represalia por parte del gobierno marroquí. Esta hipótesis subraya la delicada naturaleza de las relaciones entre los tres países.