El 24 de junio de 2026, la vida de Nayarit Colmenares cambió para siempre. A las 6:05 de la tarde, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela, dejando una estela de destrucción en La Guaira. Nayarit y su esposo Henry, de 39 años, se encontraban en su apartamento en el piso 4 del edificio Palmar Este 1, en Caraballeda, una de las zonas más afectadas.

Lo que siguió fue una lucha por la supervivencia que duraría 48 horas. Nayarit quedó atrapada bajo los escombros, con su cuerpo aprisionado y su mano derecha gravemente herida. En la oscuridad, rodeada de cemento, pintura y gas, tuvo que enfrentarse a sus miedos y a la incertidumbre de no saber si saldría con vida.

Dos días bajo los escombros

Nayarit describe su experiencia como una pesadilla interminable. El calor abrasador en su lado derecho, el dolor insoportable en su mano dominante y la constante amenaza de ahogarse por el agua que corría entre los escombros eran solo algunos de los desafíos que enfrentó. «Traté de imaginarme la luz y el cielo, como buscando irme… Irme sin dolor, tratando de decirle a Dios que ya no quería sentir más dolor», recuerda.

Una de las mayores angustias de Nayarit fue no saber el paradero de Henry. «Hubo un momento en el que estaba tanteando el entorno y sentí algo suavecito. Pensé que era un cojín porque estaba cerca de la sala y sentía la tela», relata. Sin embargo, al tocar más abajo, se dio cuenta de que era la pierna de su esposo, inmóvil y sin vida. «Te amo, Henry», fue su despedida antes de aceptar que podría no salir con vida.

El rescate que cambió todo

La esperanza llegó cuando Nayarit comenzó a escuchar movimientos encima de ella. «Empecé a escuchar un movimiento, como si estuvieran moviendo escombros arriba, muy lejos, como si los agarraran y me los lanzaran», cuenta. Con su mano izquierda, golpeó un tubo de hierro con un trozo de cerámica, creando un sonido que llamó la atención de los rescatistas.

Un grupo de rescatistas de El Salvador enviados por el gobierno del presidente Nayib Bukele trabajaron incansablemente durante 7 horas para liberarla. «De aquí no nos vamos a ir hasta que te saquemos», le dijeron, dándole la fuerza necesaria para seguir luchando. El rescate fue complicado, especialmente por su brazo derecho, que quedó atrapado bajo el cuerpo de Henry.

Una nueva vida después de la tragedia

Tras su rescate, Nayarit fue trasladada a una clínica privada en Caracas, donde los médicos le informaron que su mano derecha estaba gravemente infectada y que la amputación era la única opción para salvar su vida. «Despedirme de mi mano derecha fue muy fuerte, pero entre lo que haces y tu vida, puedes escoger la vida», afirma. Su familia la apoyó en todo momento, recordándole que «tienes muchas manos derechas, nos tienes a todos nosotros».

Hoy, Nayarit enfrenta el síndrome del miembro fantasma una sensación insólita de que su mano amputada sigue presente. A pesar del dolor y la pérdida, ha encontrado la fuerza para seguir adelante. Practica dibujo y pintura con su mano izquierda y espera poder obtener una prótesis mioeléctrica avanzada, gracias a una campaña de recaudación de fondos iniciada por su hermana en Francia.

La historia de Nayarit Colmenares es un testimonio de resiliencia y esperanza en medio de la tragedia. A casi dos meses de los terremotos, que dejaron más de 6.000 muertos en Venezuela, su experiencia sirve como un recordatorio de la fuerza humana en los momentos más difíciles.