En las últimas semanas las alertas por El Niño han ganado fuerza en los análisis oficiales: las proyecciones públicas elevan de 62% a 82% la probabilidad de consolidación para el trimestre mayo-junio-julio, y apuntan a hasta 96% hacia finales de año. Frente a este escenario, el operador XM y otros actores del sector han señalado que la reducción de lluvias afectará directamente los niveles en los embalses y, por ende, la disponibilidad de generación hidroeléctrica. La consecuencia inmediata sería un mayor recurso a plantas térmicas si no se adoptan medidas preventivas en tiempo.
El nerviosismo no es solo teórico: los registros históricos muestran que, en eventos anteriores, las térmicas llegaron a suplir una parte significativa de la demanda. La Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg) documentó que en el último episodio estas plantas cubrieron hasta el 58% de la carga en ciertos periodos. Al mismo tiempo, organismos regulatorios y el Ministerio de Minas y Energía han requerido acciones urgentes a la CREG y a otros agentes para evitar desbalances en la Energía Firme del Cargo por Confiabilidad (ENFICC) y garantizar que haya oferta suficiente durante la sequía.
Impactos técnicos sobre la operación del sistema
La dependencia histórica del país en la generación hidroeléctrica convierte a los embalses en el factor más sensible ante la reducción de precipitaciones: menos aporte de cuenca equivale a menor potencia disponible. El operador XM advierte escenarios de déficit hidrológico para el segundo semestre de 2026 que podrían forzar un aumento sostenido en la participación de plantas térmicas basadas en gas, carbón y líquidos. En términos prácticos, esto implica mayores costos de operación y la necesidad de asegurar inventarios de combustibles y logística para mantener unidades térmicas operativas sin restricciones.
Consecuencias en regiones y demanda
Regiones como la Costa Caribe ya reportan alzas en la demanda por olas de calor que incrementan el uso de ventilación y refrigeración. Empresas como Afinia han señalado aumentos de consumo cercanos al 7,9% frente a febrero de 2026 y picos en abril en departamentos como Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y el sur del Magdalena. Ese patrón estacionalizado, combinado con menores aportes hídricos, puede acelerar la necesidad de encender unidades térmicas y activar esquemas de respaldo que, si no se gestionan con previsión, traducen en riesgo de racionamiento o ajustes en la programación operativa.
Medidas solicitadas y preparativos
En el plano institucional, el ministro de Minas y Energía ha pedido a la CREG adoptar medidas urgentes para ampliar la base de agentes que participen en subastas de ENFICC, citando diferencias entre demanda proyectada y energía firme que alcanzan 1,97 TWh-año y 3,9 TWh-año en periodos específicos, cifras que equivalen a cerca de 450 MW de capacidad efectiva funcionando continuamente. Además, la Asocodis ha solicitado garantizar abastecimientos de combustible y cadenas logísticas para que las térmicas puedan operar plenamente en caso de emergencia.
Inspecciones y planes de contingencia
Como parte de las acciones preventivas, la Superintendencia de Servicios Públicos ha iniciado visitas a generadoras, incluyendo inspecciones en Termocartagena, para revisar equipos, esquemas de mantenimiento y disponibilidad de combustibles. Varias compañías distribuidoras realizan ya revisiones técnicas y elaboran planes de contingencia orientados a sostener la prestación del servicio en escenarios de alta demanda y bajo aporte hídrico, además de coordinar medidas con autoridades ambientales para mitigación de riesgos como incendios forestales.
Escenarios de riesgo y recomendaciones
Los analistas recuerdan que el peligro no solo viene del fenómeno en sí, sino de la rapidez y eficacia de la respuesta institucional: sin acciones coordinadas puede aumentar la probabilidad de racionamiento, ajustes tarifarios y presiones sobre el mercado de combustibles. Organismos como el IDEAM y el Ministerio de Ambiente recomiendan medidas de ahorro de agua y energía, monitoreo continuo de embalses y planes sectoriales para agricultura y ganadería. Adicionalmente, reportes internacionales, incluidos los señalados por NOAA, plantean altas probabilidades de que los efectos comiencen a sentirse en junio, lo que subraya la urgencia de actuar con celeridad.
En resumen, el país enfrenta un periodo crítico que combina mayor probabilidad de El Niño, demanda creciente por calor y limitaciones en nuevas capacidades de generación. La combinación exige medidas operativas inmediatas —asegurar combustibles, revisar plantas y ampliar mecanismos regulatorios—, así como un llamado a la ciudadanía para adoptar hábitos de ahorro y a productores para ajustar sus estrategias frente a una reducción de agua disponible.
