El Ejecutivo ha anunciado que, para el ejercicio 2026, el balance estructural del país se ubicará en torno al -2,3 % del PIB superando la meta original de -2,6 %. Ese resultado se sustenta en una contención del gasto público y en un repunte sostenido de los ingresos tributarios, que ya alcanzan un crecimiento real del 7,7 %.

Al cierre de agosto, el déficit efectivo acumulado apenas representó el 0,7 % del producto interno bruto, una mejora respecto a los dos años anteriores. Con esa tendencia, la Hacienda prevé cerrar el año con un déficit efectivo del 1,8 % y un déficit estructural del 2,3 % del PIB, cifras que, según el Ministerio, indican que se ha “sobre-cumplido” la meta establecida.

Proyecciones para 2026 y la brecha estructural

La hoja de ruta fiscal indica que, aunque el déficit estructural de -2,3 % del PIB es factible para este año, el objetivo de -1,5 % para 2030 implica cerrar una serie de holguras negativas que se proyectan entre 0,9 y 1,3 % del PIB anual. El Ministerio de Hacienda ha calculado que, para equilibrar esas brechas, será necesario recortar aproximadamente 12.895 millones de dólares de gasto público entre 2028 y 2030.

Valoraciones de los economistas

Opinión de Cristina Torres

La exdirectora de Presupuestos y directora del Centro de Políticas Públicas de la Universidad San Sebastián considera que la cifra de -2,3 % para 2026 es alcanzable. Señala que los datos del Informe de Finanzas Públicas muestran una contención del gasto que acumula un crecimiento real del 1 %, mientras que los ingresos suben un 7,7 %, lo que ha permitido que el déficit efectivo se sitúe en 0,7 % del PIB.

Visión de Maximiliano Acevedo

El economista de Rumbo Colectivo destaca que el déficit efectivo estimado por el Gobierno (1,8 % del PIB) coincide prácticamente con la proyección de la administración anterior (1,85 %). Además, apunta que la subejecución de la inversión pública –49,5 % de avance a agosto– alivia las cuentas, ya que el crecimiento proyectado del PIB para el año es de 0,7 %.

Aportes de Juan Ortiz

El especialista del OCEC-UDP subraya que el cumplimiento del objetivo estructural en 2026 se apoya en un incremento relevante de los ingresos estructurales, impulsado por el repunte del cobre. No obstante, advierte que el panorama a mediano plazo es más escéptico, pues las necesidades de gasto, particularmente en salud crecerán de manera sostenida.

Desafíos estructurales hasta 2030

Los analistas coinciden en que cerrar las holguras negativas requerirá una combinación de recortes y generación de mayores ingresos. La llamada mega-reforma tributaria no ayuda, pues reduciría la recaudación en 0,2 % del PIB en 2027 y en más de 2 mil millones de dólares por año a partir de 2030, precisamente cuando la brecha es mayor. Para Torres, el gran reto consiste en articular un escenario de mayor crecimiento económico con medidas estructurales de eficiencia del gasto, mientras que Ortiz enfatiza la necesidad de diseñar presupuestos compatibles con los crecientes requerimientos en áreas como la salud.

En síntesis, aunque el Gobierno parece haber sobre-cumplido la meta estructural de este año, la ruta hacia el objetivo de -1,5 % del PIB en 2030 permanece empinada y dependerá de decisiones difíciles en materia de gasto, recaudación y reformas estructurales.