Los datos publicados recientemente sobre el comercio exterior de Estados Unidos para el mes de agosto revelan que el déficit comercial se expandió un 13,7 % respecto a julio, alcanzando los 105 600 millones de dólares. Este valor es el más elevado desde marzo de 2025 y pone de relieve un desequilibrio que se ha agravado en los últimos meses.
En detalle, el déficit de bienes llegó a 136 600 millones parcialmente compensado por un superávit en servicios de 31 000 millones. Las importaciones crecieron un 4,3 % (hasta 420 800 millones), mientras que las exportaciones apenas subieron un 1,4 % (alcanzando 315 200 millones). Estos números marcan la tercera cifra consecutiva de trimestres en los que el déficit comercial restó crecimiento al PIB estadounidense.
Inversión en inteligencia artificial como motor de importaciones
El principal impulsor del aumento de las importaciones no ha sido el consumo doméstico, sino la inversión en centros de datos para inteligencia artificial. Desde abril de 2025, equipos como computadoras, teléfonos y semiconductores quedaron exentos de los aranceles “recíprocos”, y la medida del 25 % sobre chips aprobada en enero bajo la Sección 232 excluye explícitamente los destinados a dichos centros.
Los cinco gigantes de la nube –Amazon, Microsoft, Google, Meta y Oracle– han anunciado que invertirán más de 600 000 millones de dólares este año, una cifra cercana al 2 % del PIB nacional. Gran parte de esa inversión se dirige a servidores, chips y equipos que continúan siendo fabricados fuera del país, lo que ha convertido a los componentes de IA en un bien de capital esencial y libre de impuestos.
El efecto en la balanza comercial es evidente: en julio, el saldo negativo con Taiwán alcanzó un récord de 20 700 millones y también se registraron déficits históricamente altos con Vietnam, Corea del Sur, Malasia y Tailandia pese a la existencia de aranceles en esos mercados.
El revés fiscal provocado por la anulación de aranceles
El segundo pilar de la estrategia tarifaria –generar ingresos para contener el déficit fiscal– se desmoronó tras la decisión de la Suprema Corte que anuló los aranceles basados en la ley IEEPA. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) los ingresos por aranceles y derechos aduaneros estarán 250 000 millones por debajo de lo proyectado, en gran parte porque los reembolsos a importadores ya sumaban cerca de 100 000 millones al cierre de julio, volviendo negativa la recaudación neta de aduanas ese mes.
Como consecuencia, el CBO elevó la estimación del déficit fiscal del año fiscal que culminó el 30 de septiembre a 2,1 billones de dólares un aumento de 200 000 millones respecto a la proyección de febrero y representando aproximadamente el 7 % del PIB, a pesar de que la economía no ha entrado en recesión.
En el acumulado de enero a agosto, el déficit comercial resultó un 20 % menor que en el mismo periodo de 2025, ya que ese año estuvo marcado por compras anticipadas antes de la imposición de aranceles. Sin embargo, la tendencia reciente vuelve a mostrar una alza que ya ha limitado el crecimiento del PIB en tres trimestres consecutivos.
Déficit bilateral y perspectivas de política arancelaria
Entre los saldos bilaterales, el déficit con México se posicionó como el más alto en agosto, llegando a 27 700 millones superando a Vietnam (24 000 millones) y a Taiwán (18 300 millones). La dependencia de componentes mexicanos para los centros de datos está, por tanto, empujando a EE. UU. a la primera posición de la lista de déficits.
La Casa Blanca ha dejado abierta la posibilidad de ampliar los aranceles a una gama más amplia de chips y productos asociados. Si esa medida se materializa, encarecería la inversión que actualmente sostiene una parte significativa del crecimiento estadounidense, generando un dilema entre la protección de la industria y la competitividad de la economía digital.
En síntesis, la herramienta que pretendía cerrar simultáneamente el déficit comercial y el fiscal está ahora coexistiendo con el mayor déficit de bienes y servicios en 17 meses y con una brecha fiscal en expansión. La aritmética tradicional muestra que un país que invierte más de lo que ahorra depende de recursos externos para financiar esa diferencia; los aranceles pueden redistribuir la carga, pero difícilmente la eliminan por completo.



