El fenómeno meteorológico El Niño está generando preocupación a nivel global. Según las últimas previsiones, existe un 75 por ciento de probabilidades de que este evento supere todos los registros desde 1950 según el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos.

Las temperaturas del Pacífico ecuatorial ya se encuentran 1.8 grados por encima del promedio y podrían alcanzar los 2.5 grados a finales de año superando el récord anterior de 1982-83.

Impacto global y regional

Para la temporada invernal, los meteorólogos proyectan mayores riesgos climáticos. Entre las zonas más afectadas se encuentran California donde se esperan inundacionesAustralia con posibles sequías y India y el sur de Asia que podrían enfrentar olas de calor extremas.

En México El Niño representa un riesgo operativo significativo para las empresas. La combinación de sequíascalor extremo y menor disponibilidad de agua elevarán los costos y presionarán la producción en industrias como la mineríafarmacéutica y energía.

Sector minero en alerta

El Servicio Meteorológico Nacional prevé que El Niño continúe fortaleciéndose y alcance una categoría «muy fuerte» entre noviembre de este año y enero de 2027. Para René Ríos especialista en riesgos climáticos y resiliencia empresarial de Marsh esto se suma al estrés hídrico que el país arrastra desde hace más de 10 años.

México ocupa el lugar 26 a nivel mundial en estrés hídrico, según el World Resources Institute (WRI). En la minería el impacto puede llegar a la producción. Estados como SonoraZacatecasChihuahuaGuerrero y Durango concentran importantes operaciones en zonas con fuerte competencia por el agua.

«Son riesgos que se van viendo en cascada a partir precisamente de esa situación de escasez del recurso natural», señaló Ríos.

Riesgos en la industria farmacéutica y energética

Para Fernando Alarcón líder de Gestión del Agua en Stantec las lluvias intensas e inundaciones pueden afectar la infraestructura minera, mientras que la sequía puede provocar problemas de generación hidroeléctrica.

«El Niño puede amenazar la oferta de metales críticos justo cuando la demanda de cobre está creciendo por electrificación, redes eléctricas, vehículos eléctricos, centros de datos e infraestructura de IA. Es decir, el riesgo no es únicamente que una mina produzca menos, sino que un choque climático termine estrechando la oferta global y presionando los precios», comentó.

En la industria farmacéutica, los acuíferos sobreexplotados pueden concentrar minerales, sales y contaminantes, obligando a incrementar los procesos de tratamiento para alcanzar los niveles de calidad que exige la fabricación de medicamentos, explicó Ríos.

El calor extremo agrega otro frente para las farmacéuticas: la cadena de frío. Mayores temperaturas y una demanda eléctrica más elevada pueden obligar a revisar instalaciones, sistemas de respaldo y rutas de distribución para garantizar que los medicamentos permanezcan bajo las condiciones requeridas.

Por su parte, el sector energético enfrenta una paradoja, ya que el calor incrementa el consumo de electricidad y la falta de agua reduce la generación hidroeléctrica.

«Las empresas generadoras de electricidad ven que les está afectando el clima, entonces van a depender aún más de fuentes fósiles, lo cual sigue afectando más el clima. Entonces, veremos una gran afectación a este sistema o a esta tecnología de generación de energía», advirtió Ríos.

El resultado puede ser una presión simultánea sobre costos y abasto: más aire acondicionado y ventilación elevan la demanda eléctrica, mientras una menor generación hidroeléctrica puede aumentar la dependencia de otras fuentes y presionar los precios.

Gestión estratégica del riesgo

Ríos considera que El Niño debe dejar de tratarse como una contingencia meteorológica y comenzar a gestionarse como un riesgo estratégico. Las empresas, sostuvo, tendrán que incorporar sequías, inundaciones y olas de calor a sus mapas de riesgo, establecer umbrales de respuesta y revisar sus seguros y planes de continuidad.

«Esto no es un tema nuevo, es un tema recurrente. Lo que tienen que ir haciendo las empresas es avanzar en la adaptación y resiliencia antes de que suceda el evento, y obviamente incorporar las lecciones aprendidas una vez pasado el evento», concluyó.