La Unión Europea está dando un giro significativo a su política industrial con la presentación del Acta del Acelerador Industrial actualmente en discusión en Bruselas. Este documento, inspirado en los informes Letta y Draghi, marca un punto de inflexión en la estrategia europea para recuperar competitividad frente a Estados Unidos, sin descuidar los objetivos climáticos.
Esta iniciativa reabre un ciclo de políticas industriales en Europa, con raíces que se remontan al colbertismo francés del siglo XVII. Sin embargo, las lecciones del pasado y los desafíos actuales plantean interrogantes sobre el éxito de esta nueva ola de intervencionismo estratégico.
Intervenciones estratégicas, no proteccionismo
El diseño del Acta sugiere que la Comisión Europea ha aprendido de experiencias previas. En lugar de caer en el proteccionismo y el mercantilismo de suma cero, que inevitablemente lleva a la desintegración de los mercados internacionales, la propuesta busca intervenciones quirúrgicas para corregir fallos específicos de mercado.
El concepto de Made in EU no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para prevenir que la interdependencia global se convierta en dependencias críticas exponiendo a Europa a prácticas abusivas de terceros países. Esta estrategia está alineada con las normativas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que ya contempla cláusulas antidumping para proteger a los mercados.
Sectores estratégicos y la paradoja regulatoria
Siguiendo las recomendaciones de Draghi, el Acta introduce requisitos de Made in EU o bajas emisiones en la contratación y ayudas públicas para sectores clave, como las tecnologías limpias el automóvil y materiales como el acero el cemento y el aluminio. Sin embargo, a diferencia de Draghi, la propuesta no avanza en mecanismos de desregulación.
El Acta simplifica permisos, pero no resuelve la paradoja regulatoria europea: intenta reducir la burocracia añadiendo nuevas reglas a un sistema ya sobrerregulado. Esta contradicción ha sido señalada como una de las principales críticas al documento.
La fragmentación europea y la necesidad de integración
La crítica más contundente al Acta es su timidez para avanzar hacia un mayor poder y agilidad de acción comunitarios. La institucionalidad europea, diseñada para preservar la autonomía nacional y evitar conflictos internos, ha sido exitosa en erradicar las guerras en el continente. Sin embargo, esta autonomía también ha sostenido una diversidad que, en algunos casos, se ha convertido en fragmentación.
La reticencia a compartir soberanía a escala europea ha tenido un costo elevado. Europa aún carece de un mercado único de capitales un activo seguro europeo un sistema energético plenamente integrado y, de manera más apremiante, una capacidad de acción común en defensa y política industrial.
Aunque los obstáculos políticos para una mayor integración son enormes, la necesidad de fortalecer las estructuras comunitarias es aún mayor. El éxito de esta nueva política industrial dependerá en gran medida de la capacidad de Europa para superar estas divisiones y avanzar hacia una mayor cohesión.



