Durante la transmisión de Que alguien le avise la modelo e influencer Sofía «Jujuy» Jiménez abrió su testimonio sobre una serie de acosos que se extendió entre tres y cuatro años. Según explicó, el perseguidor inició el contacto a través de mensajes en redes sociales y, con el tiempo, comenzó a aparecer en los lugares que ella frecuentaba, obligándola a cambiar de domicilio en dos oportunidades distintas. La exposición pública de su caso coincidió con otras declaraciones de figuras como Sofía Gonet y Homero Pettinato, generando un debate sobre la respuesta institucional ante el hostigamiento de personajes públicos.

El acoso prolongado y sus manifestaciones

Jiménez describió que el acosador pasó de escribirle mensajes a presentarse en un restaurante donde cenaba con amigas. En un primer momento, la influencer pensó que el hombre quería tomar una foto, pero pronto reconoció la voz y el tono que había recibido online. El episodio se tornó aún más perturbador cuando él reveló la dirección exacta de su vivienda, provocando en Sofía un temblor evidente y una sensación de vulnerabilidad extrema. Posteriormente, el mismo individuo irrumpió en el hotel Four Seasons donde se hospedaba, bloqueándole el acceso al ascensor y forzando una intervención policial.

Denuncias y respuesta policial

Tras el encuentro en el restaurante, Sofía decidió presentar una denuncia aunque inicialmente prefirió mantener el caso en reserva por temor a represalias. La reacción de la autoridad resultó insuficiente: los agentes argumentaron que, al no haber agresión física, no podían avanzar con el expediente. A pesar de presentar pruebas de los mensajes y de los avistamientos, la policía mantuvo una postura pasiva, lo que llevó a la influencer a repetir la denuncia en dos ocasiones más. Solo después de la tercera agresión, al ser interceptada en el ascensor del hotel, el hecho cobró mayor visibilidad y la presión pública aumentó.

Impacto personal y llamado a la justicia

El trauma generado por la persecución forzó a Jiménez a modificar su rutina diaria; dejó de fijar horarios fijos en su programa y comenzó a observar constantemente a las personas que cruzaban su camino. En sus declaraciones, confesó que aún siente miedo al relatar la experiencia y que el recuerdo del acoso permanece activo cada vez que entra a un recinto público. Tras hacer público el caso, recibió un mensaje de una mujer que se presentó como hermana del acosador, explicando que él padecía esquizofrenia y vivía en una “realidad paralela”. Sofía puntualizó que, aunque la condición mental del agresor no justifica el comportamiento, la falta de una respuesta adecuada por parte de la justicia y la policía sigue siendo un problema latente. Con voz entrecortada, concluyó solicitando que las autoridades tomen cartas en el asunto para evitar que situaciones similares continúen sin castigo.