En los últimos años el conflicto entre Ucrania y Rusia ha escalado a una guerra de drones que ha alcanzado ciudades clave del territorio ruso. Dos episodios recientes, uno en la región de Samara y otro en la capital, ilustran cómo la estrategia de ataque con vehículos aéreos no tripulados está transformando la naturaleza de los combates y sus consecuencias civiles.
El primero de los incidentes tuvo lugar en Samara, donde las autoridades confirmaron la muerte de al menos una persona y el herido de cuatro más. El gobernador Viacheslav Fedorischev denunció en redes sociales que «una persona ha muerto a causa de un ataque cobarde de las Fuerzas Armadas ucranianas» y calificó la pérdida como «grave e irreparable». Añadió que los heridos «reciben toda la atención necesaria» y que los servicios de emergencia continúan trabajando para contener la situación. Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso informó que en las últimas horas se derribaron 297 aparatos aéreos no tripulados lanzados contra distintas regiones, incluida la península de Crimea, anexionada en 2014.
El asalto masivo a Moscú del 20 de septiembre de 2026
El fin de semana del 20 de septiembre de 2026 marcó el mayor ataque ucraniano contra la capital desde que comenzó la invasión en febrero de 2022. Según datos oficiales, más de 1.600 drones fueron lanzados, de los cuales una cuarta parte se dirigió directamente a Moscú. El bombardeo provocó al menos tres muertes civiles y, según el alcalde Serguéi Sobianin alteró el proceso de votación para elegir a los 450 diputados del parlamento ruso.
Las imágenes difundidas por ciudadanos mostraron baterías antiaéreas improvisadas a lo largo de una autopista y soldados encaramados a vallas publicitarias intentando derribar los dispositivos. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski aprovechó la ocasión para lanzar la sentencia: «Moscú debe poner fin a su brutal guerra y elegir la paz, en lugar de construir sucesivos anillos de defensa aérea a costa de otras regiones».
El objetivo más simbólico fue la refinería de Moscú operada por Gazprom que suministra el 40 % del combustible de una metrópolis de 13 millones de habitantes y cuya zona metropolitana supera los 21 millones de personas. En el momento del ataque la planta funcionaba a capacidad reducida tras un bombardeo anterior, pero los drones lograron causar incendios de gran magnitud. La operación también obligó al cierre temporal de varios aeropuertos, provocando la cancelación o retraso de hasta 400 vuelos.
Armas usadas y declaraciones externas
Ucrania empleó una amplia gama de vehículos de ataque de largo alcance. Entre ellos, el dron FP-1 capaz de alcanzar 3.400 km y comercializado por 70.000 dólares, y el misil de crucero FP-5 Flamingo cuyo precio ronda los 500 000 euros y lleva una cabeza de guerra de 1.150 kg. Otros sistemas mencionados incluyen los modelos Morok, MICH-2000, Palianytsia, Bars, Sichen y Liutyi, con velocidades entre 140 y 900 km/h y cargas explosivas de 30 a 100 kg. La ejecutiva Irina Terek de la compañía FirePoint señaló que “en 2026 Ucrania lanzó sobre Rusia el doble de drones de ataque de largo alcance que los que Rusia lanzó contra Ucrania”.
En el plano diplomático, el expresidente estadounidense Donald Trump afirmó el lunes anterior que Kiev y Moscú habían acordado una tregua energética, mientras que la visita del director de la CIA a Rusia, su primera en cinco años, no consiguió calmar la escalada.
Impacto económico y energético tras los ataques
Los embates a la infraestructura energética rusa están generando una presión tangible sobre las finanzas del Estado. El gobierno ruso redujo su previsión de producción de petróleo para 2026 a 494,2 millones de toneladas, el nivel más bajo en 17 años. En los últimos nueve meses se ha recortado la capacidad en 660 000 barriles diarios, lo que a un precio promedio de 90 dólares el barril representa una pérdida estimada de 59,4 millones de dólares al día, o unos 21,7 mil millones anuales.
Ante la escasez, Moscú prolongó la restricción de exportaciones de diésel hasta el 30 de septiembre y mantuvo la limitación del combustible de aviación hasta diciembre. Estas medidas, sumadas a los daños en la refinería de Gazprom, intensifican la dependencia de la economía rusa del sector petrolero, que sigue representando la principal fuente de ingresos del presidente Vladimir Putin. A pesar de la presión internacional y de las dificultades logísticas, los precios del crudo se mantienen elevados por factores externos como la tensión en el estrecho de Ormuz y la situación del petróleo saudí en Yemen.
En síntesis, los dos episodios –el ataque mortal en Samara y la masiva ofensiva contra Moscú– demuestran la capacidad de Ucrania para emplear drones como herramienta estratégica, mientras que la respuesta rusa se traduce en una defensa aérea intensificada y en ajustes económicos que buscan amortiguar el impacto de los daños a la infraestructura energética.



