Brasil se encuentra en el ojo de un huracán político en 2026, con una elección presidencial que promete ser una de las más intensas de su historia. Luiz Inácio Lula da Silva el exobrero y líder sindical, se enfrenta a Flávio Bolsonaro hijo del expresidente Jair Bolsonaro en una batalla que trasciende lo electoral y se adentra en lo económico y social.

La campaña, que comenzó con un discurso de Lula en un recinto cerrado en San Pablo, ha sido marcada por tensiones con el gobierno de Donald Trump aliado de los Bolsonaro. Los aranceles impuestos por Estados Unidos a productos brasileños han añadido un ingrediente explosivo a la mezcla, con Lula acusando a Flávio Bolsonaro de ser un traidor a la patria por supuestamente alentar estas medidas.

Tensiones con Estados Unidos y la narrativa de la soberanía

La relación entre Brasil y Estados Unidos ha sido un tema central en la campaña. En julio de 2026, Estados Unidos impuso dos rondas de aranceles a productos brasileños, acusando al país de prácticas comerciales desleales. Esta medida se suma a otra aplicada en 2026, que fue suspendida en gran parte, en represalia por el juicio contra Jair Bolsonaro.

Lula ha utilizado esta situación para reforzar su narrativa de soberanía identificando a Estados Unidos como un enemigo externo responsable de algunas de las penurias económicas que enfrenta Brasil. Según Leonardo Paz politólogo de la Fundación Getúlio Vargas, esta estrategia le permite a Lula desviar la atención de su caída en popularidad.

Una encuesta de Datafolha realizada en julio de 2026 reveló que el 52% del electorado brasileño cree que los aranceles de Trump tienen como objetivo favorecer la campaña de Flávio Bolsonaro. Esta percepción es aún más fuerte entre los votantes de Lula, con un 73% que comparte esta opinión.

Crisis de imagen y escándalos

Flávio Bolsonaro, quien hizo oficial su candidatura en una convención del Partido Liberal (PL) en San Pablo, ha visto cómo su capital político se desvanece rápidamente. La prensa ha revelado una serie de mentiras y escándalos que han dañado su imagen.

Uno de los episodios más graves fue la solicitud de patrocinio a Daniel Vorcaro propietario del Banco Master, para una película sobre Jair Bolsonaro. Vorcaro, quien está en prisión por el mayor fraude financiero de la historia de Brasil, aceptó la solicitud y entregó el dinero a Flávio, a pesar de las negativas de este último.

Además, Michelle Bolsonaro esposa del expresidente, publicó un vídeo en sus redes sociales acusando a Flávio de grosería y otras graves acusaciones. Aunque este episodio no alteró significativamente las intenciones de voto, sí afectó el panorama político-electoral.

Programas sociales y seguridad pública

Lula, por su parte, ha destacado los programas sociales implementados durante su gobierno, como Pé de Meia que concede ayudas económicas a estudiantes de secundaria, y Move Brasil que ofrece incentivos fiscales para la compra de coches nuevos. Estos programas han sido clave en su estrategia de campaña.

La seguridad pública, una de las mayores preocupaciones de los brasileños, también ha sido un tema central. Lula ha prometido restablecer el Ministerio de Seguridad Pública, aunque la responsabilidad de esta área históricamente ha recaído en los gobiernos estatales.

A pesar del crecimiento económico y la baja tasa de desempleo, los brasileños siguen preocupados por el costo de vida y el déficit fiscal. La corrupción, otro tema prioritario, ha afectado a ambos candidatos, con investigaciones judiciales abiertas contra Flávio Bolsonaro y el hijo de Lula, Lulinha.

Con menos de 70 días para la primera vuelta de las elecciones, el panorama político en Brasil sigue siendo incierto. Lula lidera las encuestas, pero el bolsonarismo mantiene una fuerza significativa que no permite el crecimiento de la tercera vía.