En los días previos a la segunda vuelta presidencial de Colombia en 2026, la atención se centra en una región que históricamente ha sido un baluarte electoral: el Caribe. Con más de ocho millones de votantes en departamentos como Atlántico, Bolívar, Córdoba, Sucre, Magdalena, Cesar y La Guajira, esta zona representa un peso electoral significativo que podría decidir el rumbo del país.
La importancia del Caribe no solo radica en su volumen de votantessino también en su capacidad de movilización política y la influencia de sus liderazgos regionales. Esta combinación de factores convierte a la Costa Caribe en un territorio altamente codiciado durante las campañas presidenciales.
El Caribe, un bastión electoral para Iván Cepeda
En la primera vuelta, Iván Cepeda logró imponerse en los siete departamentos continentales de la región Caribe. Sus resultados fueron notables: obtuvo el 56,59 % en Sucre, el 55,55 % en Córdoba, el 55,29 % en La Guajira, el 54 % en Bolívar, el 52,26 % en Magdalena, el 52,12 % en Atlántico y el 46,48 % en Cesar. Estos datos confirman el apoyo significativo que la Costa Caribe brindó a la candidatura progresista.
Sin embargo, los estrategas electorales coinciden en que el resultado final no dependerá únicamente de conservar estos apoyos, sino de ampliar la participación y conquistar a los votantes que respaldaron otras candidaturas o que se abstuvieron. A nivel nacional, Abelardo de la Espriella lideró la primera vuelta con cerca del 43,7 % de los votos, mientras que Iván Cepeda obtuvo alrededor del 40,9 %, una diferencia inferior a 700.000 sufragios.
Ciudades clave en la disputa electoral
Analistas consultados coinciden en que las capitales del Caribe serán determinantes para el desenlace electoral. Barranquilla, con uno de los censos electorales más grandes de la región, suele registrar niveles de participación superiores al promedio nacional. Cartagena, por su parte, se ha consolidado como uno de los mayores centros urbanos del Caribe y un termómetro político clave en Bolívar.
Santa Marta, Montería, Sincelejo y Valledupar completan el mapa de ciudades donde las campañas concentran esfuerzos para movilizar votantes indecisos y fortalecer sus estructuras territoriales. «La importancia del Caribe en una segunda vuelta no radica únicamente en el volumen de votantes, sino en la capacidad de movilización de sus estructuras políticas», explica el analista político y consultor electoral Carlos Arias.
Influencia de las maquinarias electorales
En Córdoba, la influencia del clan de los Calle, del grupo liderado por Erasmo Zuleta y de sectores políticos asociados a los Besaile y los Ñoño Elías continúa siendo relevante en la movilización electoral. En Sucre, persiste el peso de sectores asociados a la casa Guerra Tulena, así como de liderazgos regionales agrupados alrededor del gobernador y de los congresistas con presencia en Sincelejo, Corozal y la subregión de los Montes de María.
Magdalena representa otro escenario estratégico, donde confluyen fuerzas políticas tradicionales ligadas a los Díazgranados, Cotes y Pinedo, mientras que en los últimos años han ganado terreno movimientos alternativos y sectores cercanos al Pacto Histórico. La Guajira, por su parte, continúa marcada por la influencia de clanes familiares con fuerte arraigo territorial, entre ellos grupos asociados a los Ballesteros, los Deluque y los Moscote, además de liderazgos indígenas que tienen una incidencia creciente en la definición del voto regional.
La abstención, un factor determinante
Uno de los elementos que más preocupa a las campañas es la participación. En la primera vuelta presidencial votaron cerca de 24 millones de colombianos, lo que representó una participación cercana al 58 % del potencial electoral. Esto significa que más de 17 millones de ciudadanos habilitados no acudieron a las urnas. Los expertos consideran que una eventual movilización adicional en la Costa Caribe podría tener un impacto significativo en el resultado final.
La región tiene antecedentes de incrementar su participación entre primera y segunda vuelta, especialmente cuando existe una fuerte polarización política o cuando los liderazgos locales se involucran activamente en la campaña. Según Arias, el resultado final dependerá de la capacidad de cada campaña para convertir esos respaldos políticos en participación efectiva el día de las elecciones.
«Cuando una segunda vuelta se define por márgenes estrechos, departamentos que individualmente parecen pequeños terminan siendo determinantes. El Caribe tiene cerca de una quinta parte del potencial electoral del país y cuenta con algunas de las maquinarias más eficientes de Colombia. Por eso ningún candidato puede darse el lujo de descuidar esta región durante la recta final de la campaña», concluye.


