Hace 84 días, un doble sismo redujo a escombros gran parte del estado La Guaira. La Universidad Simón Bolívar, núcleo Litoral (USB-Litoral) pasó de ser centro académico a refugio temporal, acogiendo a 868 personas según un reporte filtrado a Runrun.es para el 2 de septiembre. La entrada del campus está vigilada por la Dirección de Acciones Estratégicas y Tácticas (DAET) una fuerza de seguridad señalada por la Misión de Determinación de Hechos de la ONU por su implicación en desapariciones forzadas y torturas.

El campus como refugio: cifras, control y represión

Los vecinos de Naiguatá y la comunidad estudiantil no pueden acercarse al interior del recinto; la única información disponible proviene de fotografías y de mensajes en redes. Alex estudiante de 24 años, quinto trimestre y líder estudiantil, relata que, pocos días después del desastre, grupos acompañados por Diosdado Cabello –actual ministro del Interior, Justicia y Paz y también señalado por la ONU– llegaron, realizaron reparaciones rápidas y declararon al recinto como refugio. Una comisión vinculada a Cabello arribó siete días después del sismo, según los mismos estudiantes.

El 27 de junio, el gobierno interino detuvo temporalmente a dos alumnos de la USB mientras recolectaban donaciones en Táchira para los damnificados. Esta detención forma parte de un patrón de represión que la comunidad académica denuncia, recordando que la DAET y Cabello son como un «centro del aparato represor del Estado» según informes internacionales.

Censos improvisados y denuncias de la comunidad estudiantil

Ante la falta de datos oficiales, estudiantes y exalumnos lanzaron un censo de emergencia vía redes sociales. Sus estimaciones indican que al menos 80 habitantes de La Guaira –incluyendo estudiantes, docentes y personal administrativo– perdieron su vivienda, y que más de 52 miembros de la USB fallecieron. La Universidad realizó su propio recuento, pero los resultados no se han puesto a disposición del público.

El director del Observatorio Venezolano de Universidades (OBU) Carlos Meléndez, señala que las evaluaciones estructurales y los censos se están llevando a cabo por iniciativa propia de las universidades, sin la coordinación del Ministerio de Educación Superior. En La Guaira existen siete universidades, dos instituciones universitarias y trece «aldeas universitarias» bajo la Misión Sucre. Ocho de esas aldeas presentan daños estructurales, entre ellas el Liceo Rafael Rangel (Carayaca) y el Liceo José María Vargas (parroquia La Guaira).

Algunas de estas aldeas, como el Complejo Educativo República de Panamá, el Liceo Bolivariano Gustavo Olivares Bosques y la Universidad Marítima del Caribe (UMC), se han convertido en campamentos transitorios para los damnificados. Otros centros primarios, como los liceos Alberto Ravell y Licenciado Aranda, ahora albergan a la Universidad Nacional Experimental de la Gran Caracas (UNEXCA).

Retorno académico entre lo virtual y la incertidumbre

Con tres semanas de clases restantes cuando ocurrió el sismo, la enseñanza se vio interrumpida. Álvaro Chang, estudiante de 13.º trimestre de ingeniería de mantenimiento, explica que la continuidad académica se ha trasladado a plataformas virtuales y a chats de WhatsApp. Las prácticas de laboratorio que no se pudieron completar se reprogramaron en la sede Sartenejas, en Caracas. Los laboratorios que ya estaban terminados ahora se transforman en informes que los estudiantes elaboran a distancia.

En la Universidad Marítima del Caribe, la incertidumbre es mayor: tres alumnos entrevistados aseguran que no existe un plan definitivo para reanudar el semestre, pese a que el Consejo Universitario se reunió la primera semana de septiembre para debatir el tema. Mientras tanto, la Comisión Presidencial liderada por Cabello ha erigido viviendas temporales con techos de zinc en los alrededores del campus, previstas para permanecer hasta noviembre o diciembre de 2026, según William Anseume, miembro de la junta directiva de la Asociación de Profesores de la USB.

Los docentes también denuncian vulnerabilidades preexistentes: salarios insuficientes, pérdida de autonomía, déficit presupuestario entre el 70 % y el 99 %, y fallas crónicas en servicios de agua y electricidad. La falta de recursos impide que las universidades ofrezcan apoyo psicológico adecuado, a pesar de que organizaciones como Aula Abierta han iniciado grupos de apoyo.

Frente a este escenario, varios jóvenes de La Guaira consideran trasladarse a la capital para continuar sus estudios. Juan Diego Holanda, de 17 años, busca ingresar a la Universidad Central de Venezuela o a la Politécnica Territorial de los Altos Mirandinos «Cecilio Acosta», mientras que Diego Méndez, de 16, aspira a estudiar ingeniería eléctrica en la misma universidad, después de que su colegio San Vicente de Paúl resultara gravemente dañado.