Tras los terremotos del 24 de junio, decenas de familias desplazadas abandonaron sus hogares en La Guaira y se instalaron temporalmente en el sector El Trompillo, en el noreste del municipio Iribarren, Barquisimeto. La llegada de estos grupos ha generado una nueva dinámica social en la zona, donde la escasez de recursos básicos se hace sentir con especial brusquedad.
Entre los recién llegados se encuentra la familia de Sonia Mora compuesta por 18 personas, entre ellas seis niños en edad escolar. La incertidumbre se vuelve cotidiana porque, a falta de un desplazamiento interno planificado, la familia vive en la casa de parientes sin contar con una habitación propia que garantice la privacidad y la estabilidad que exige la vida escolar.
Problemas habitacionales de la familia Mora
El principal obstáculo que impide que los menores de la familia se inscriban en los planteles cercanos al sector El Trompillo es la ausencia de una solución de vivienda permanente. La familia ha intentado gestionar un albergue digno mediante la Alcaldía de Iribarren la Gobernación del estado Lara y varias instituciones bancarias, sin obtener una respuesta concreta. Además, se inscribieron en el Registro Único de Vivienda pero los trámites resultaron engorrosos y sin resultados palpables.
Ante la falta de avances, la mayoría de los miembros de la familia se sienten «entre la espada y la pared», una expresión que resume la presión de decidir entre permanecer en Barquisimeto sin techo propio o regresar a una La Guaira aún marcada por la inestabilidad del terreno y el trauma psicológico.
Incertidumbre educativa del menor de nueve años
El mayor de los niños, un chico de nueve años que está próximo a iniciar el cuarto grado mantiene un cupo asegurado en la Escuela Emilio Gimón Sterling de La Guaira, la cual fue rehabilitada después de sufrir graves fallas estructurales en el doblete sísmico. Sin embargo, la falta de una vivienda adecuada en Barquisimeto impide que el niño pueda asistir a una escuela más cercana, a pesar de que el plantel de la localidad está plenamente capacitado y disponible.
Greisbel Zerpa otro familiar, destaca que la reincorporación escolar es fundamental para la salud mental de los menores, quienes aún soportan el peso de la tragedia. Según Zerpa, la participación en actividades académicas, deportivas y culturales serviría como una distracción positiva que permitiría a los niños adaptarse a un nuevo entorno y alejarse de la angustia constante.
Reclamos a autoridades y expectativas de solución
Frente a la falta de respuestas, la familia Mora ha solicitado una audiencia formal con el gobernador del estado Lara y el alcalde de Iribarren, con el objetivo de exponer su necesidad urgente de una vivienda permanente que facilite la inscripción escolar de sus hijos y mejore su calidad de vida. Hasta la fecha, los intentos de contacto con los organismos locales no han generado una atención directa.
La comunidad desplazada espera que las autoridades den una respuesta concreta y rápida, pues la continuidad educativa y el bienestar de los niños dependen directamente de la solución habitacional. Mientras tanto, la familia sigue evaluando sus opciones, entre permanecer en un refugio temporal o retomar el camino de regreso a una La Guaira aún insegura.



