El 11 de septiembre de 2001, el mundo presenció uno de los eventos más devastadores de la historia moderna. Dos aviones Boeing 767 impactaron las Torres Gemelas en Nueva York, edificios que con sus 110 pisos eran los más altos de la ciudad. El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 a.m., y el segundo avión impactó la torre sur a las 9:03 a.m. Los edificios ardieron durante horas antes de colapsar, dejando un saldo de 2.763 personas fallecidas.
El testimonio de Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte, captura la magnitud del horror: «Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar. Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto».
Las causas del colapso: un análisis técnico
El ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito del MIT lideró estudios que analizaron las causas del derrumbe desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico. Según Kausel, «la respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista». Sin embargo, detrás de esta afirmación hay una serie de fenómenos físicos y químicos que desencadenaron la catástrofe.
La combinación fatal: impacto y fuego
Los estudios del MIT, publicados en 2002, coinciden con los hallazgos del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) cuyo informe final se publicó en 2008. Ambos concluyen que las torres se derrumbaron debido a la combinación de dos factores principales: el daño estructural causado por el impacto de los aviones y la cadena de incendios que se expandieron por varios pisos.
«Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado. Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo», explica Kausel. Las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, pero los Boeing 767 que las golpearon eran más grandes y causaron daños severos.
La estructura de las Torres Gemelas
Las Torres Gemelas tenían un diseño estándar de la década de los 60. Cada edificio contaba con un núcleo vertical de acero y hormigón en el centro, que albergaba los ascensores y las escaleras. Las vigas de acero horizontales partían desde este núcleo y se conectaban con columnas de acero verticales para formar las paredes exteriores. El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso servía como soporte lateral para evitar que las columnas se torcieran, un fenómeno conocido como pandeo.
Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que actuaba como protector en caso de incendio. Además, las vigas y columnas estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego. Sin embargo, el impacto de los aviones dañó severamente las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios, exponiendo el acero al fuego.
El papel del fuego en el colapso
El impacto de los aviones no solo causó daño estructural, sino que también inició incendios que se propagaron rápidamente. Las temperaturas alcanzaron los 1.000 °C, lo que hizo que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, permitiendo la entrada de aire que alimentó el fuego. «El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó», señala Kausel.
Cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible, lo que los convirtió en «bombas voladoras». Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó al momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores, expandiendo el incendio. Este incendio descontrolado tuvo dos efectos principales: primero, el intenso calor hizo que las vigas y las losas de cada piso se dilataran, causando que las losas se separaran de sus vigas. Además, la dilatación de las vigas empujó las columnas hacia afuera.
Luego, las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables. Esto hizo que las estructuras rígidas parecieran cuerdas que, al arquearse, comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas. «Eso fue fatal para las torres», señala Kausel.
El colapso en cascada
En ese momento, ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso. Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las jalaron hacia adentro, comenzando a pandear. Según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.
El análisis de Kausel añade que, en algunos casos, las vigas jalaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban, causando el derrumbe de los suelos y los escombros que generaron sobrepeso en los pisos inferiores. Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas, resultando en una caída en cascada.
Una vez que el edificio entró en caída libre, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, causando un viento fuerte hacia la periferia. Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, «como quien pela un banano», según el experto. Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.
Décadas después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan. Este análisis técnico nos ayuda a entender los factores científicos detrás del colapso de las Torres Gemelas, un evento que cambió el curso de la historia.



