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2 julio 2026

Testimonios impactantes de los afectados por los terremotos en La Guaira

En la tarde del 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela, dejando un rastro de destrucción y esperanza. Descubre cómo Edy Añez y otros lograron sobrevivir.

Testimonios impactantes de los afectados por los terremotos en La Guaira

El 24 de junio de 2026, a las 18:04, dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 separados por solo 39 segundos sacudieron Venezuela. La ciudad de La Guaira fue una de las más afectadas, con edificios derrumbados y vidas cambiadas para siempre. Entre los supervivientes, Edy Añez y Rafael Durand compartieron sus historias de terror y esperanza.

Edy Añez, de 61 años vivía en un apartamento en La Guaira con una vista espectacular: el campo de golf de Caraballeda las laderas de El Ávila y el mar Caribe. Sin embargo, su vida cambió en un instante cuando el edificio donde vivía comenzó a derrumbarse.

La lucha por la supervivencia de Edy Añez

«El edificio se fractura y cuando empieza a inclinarse, se desploma hacia la calle», relató Añez. Quedó atrapado en el quinto piso con un mueble que le aprisionaba la pierna. «Estaba inclinado con la cabeza hacia abajo y los pies hacia las ventanas. El tobillo me estaba doliendo. Cuando intenté sacarlo, no podía.»

En medio del caos, Añez encontró una luz de esperanza: una ventana que le proporcionaba aire limpio. «Vi el cielo y lo más impresionante fue la cantidad de pájaros y el sonido. Esa imagen no se me va a olvidar nunca», compartió. Con la determinación de sobrevivir, escribió una nota en un sobre blanco: «Es Edy. Estoy en último piso. El piso 6 y 7 cayeron encima mío. Estoy bien, veo el cielo. Llamen a mi familia».

Con la ayuda de una pelota de béisbol, lanzó la nota fuera de la ventana y logró liberarse. «Yo fui un milagro de la tragedia», afirmó. Su historia es un testimonio de la resiliencia humana frente a la adversidad.

La huida desesperada de Rafael Durand y su familia

En Camurichico a menos de 5 kilómetros del lugar donde vivía Añez, Rafael Durand y su familia vivieron momentos de pánico. «Me vino a la mente la caída de las Torres Gemelas del 11 de septiembre, porque inmediatamente salió hacia arriba todo lo que es esa nube de polvo», describió Durand.

Su esposa, Diana Álvarez gritó desde la ducha para que Durand cargara a su hija Arantxa de solo 4 años mientras ella se vestía a toda prisa. «¡Señor Jesucristo, padre!», gritaba Álvarez aterrorizada por las grietas en las paredes. «Mamá, tranquila», se le escucha decir a Arantxa con su voz infantil. «Apúrate, no te distraigas».

Durand logró recuperar las llaves del auto justo antes de que una vitrina del comedor se cayera encima de él. La familia logró escapar del edificio a tiempo, pero la experiencia dejó una marca imborrable en sus vidas.

Los esfuerzos de rescate y la solidaridad de los voluntarios

Wladimir Colmenares un voluntario de Ángeles de las Vías llegó a La Guaira pasadas las 21:00, tres horas después de los terremotos. Colmenares, de 28 años es enfermero, paramédico e instrumentista especializado en emergencias prehospitalarias.

«Nosotros fuimos uno de los primeros grupos en llegar a La Guaira porque realmente no había nadie, eran las mismas personas las que estaban ayudando», dijo Colmenares. En medio del caos, encontró a una mujer llamada Catherine atrapada bajo los escombros. «Nos genera impotencia no haber tenido los recursos necesarios en esas primeras 24 horas, porque ahí se necesitaban equipos especiales para hacer la extracción», explicó.

Colmenares y su equipo tuvieron que dejar a Catherine debido a la falta de equipos adecuados. Sin embargo, 24 horas después, Catherine fue liberada, aunque tuvo que ser sometida a una amputación de ambas piernas. La historia de Catherine es un recordatorio de la importancia de los recursos adecuados en situaciones de emergencia.

En las primeras horas, Colmenares y su equipo atendieron a siete personas. «Estás allí con ella, le estás agarrando la mano, la estás viendo a los ojos casi llorando y el no poder ayudarla, no poder sacarla, genera bastante frustración», compartió. A pesar de las dificultades, los voluntarios continuaron sus esfuerzos de rescate, trabajando incansablemente para salvar vidas.

La solidaridad de los voluntarios no se limitó a los esfuerzos de rescate. Izumi Viloria y Reynaldo Olivar abordaron su camioneta y salieron espontáneamente para ayudar en lo que pudieran. Compraron alimentos y medicinas con el dinero que tenían y llevaron los productos a los centros de acopio que comenzaban a organizarse.

«Veía muchos comentarios en redes sociales de gente que quería ayudar y publiqué una historia en Instagram diciendo: ‘Yo estoy acá, el que quiera me puede enviar el dinero y yo le compro todo y les monto la foto de la factura para que vean con transparencia en qué se está gastando la plata'», contó Olivar. A medida que recibían donativos, las peticiones se volvían más específicas: les pedían que se acercaran a la casa de un familiar para llevar medicamentos para el asma o la hipertensión, o a un hospital para llevar insumos para un paciente.

En la última semana, la pareja ha distribuido plantas eléctricas, palas, picos, guantes, cascos de seguridad, linternas LED e incluso 37 carpas para los damnificados de La Guaira. Como ambos hablan inglés, han servido como traductores para los equipos de rescate extranjeros. Sin embargo, la distribución se ha vuelto más difícil debido a los puestos de control instalados por la policía y los militares.

La diáspora de casi 8 millones de venezolanos que emigraron del país durante la última década también se organizó en ciudades de todo el mundo para articular cadenas de envío de suministros y dinero para las labores de rescate. La mayor satisfacción de todos, dentro y fuera de Venezuela, ha sido comprobar en un video que alguien emergió vivo de las ruinas, especialmente los niños, gracias al trabajo de los rescatistas.

Seis días después de los terremotos, las autoridades informaron que más de 6.400 personas habían sido rescatadas. La fuerza de los voluntarios y la solidaridad de la comunidad han sido clave en los esfuerzos de rescate y recuperación.

Autor

Diego Morales

Diego Morales escribe igual de bien sobre la táctica de un derbi madrileño y una ruta gastronómica por Asturias. Periodismo deportivo con contexto y crónica de viaje con itinerario real.