En el corazón del desierto árabe se alza una de las empresas más poderosas del mundo: Saudi Aramco. Esta compañía petrolera, con sede en Arabia Saudita, no solo es un gigante en términos de producción y reservas, sino también un actor clave en la economía global. Su influencia se extiende más allá de los mercados energéticos, llegando a ámbitos como el deporte internacional.
Pero, ¿quién está detrás de esta empresa? ¿Cómo opera y cuál es su verdadero alcance? En este artículo, desglosamos la estructura, el tamaño y las controversias que rodean a Saudi Aramco, una empresa que, en 2026, sigue siendo un pilar fundamental para Arabia Saudita y el mundo.
La estructura accionaria de Saudi Aramco
Saudi Aramco, oficialmente conocida como Saudi Arabian Oil Company es una empresa estatal cuya propiedad está mayoritariamente en manos del Gobierno de Arabia Saudita. Según el reporte anual de la compañía en 2026, la distribución accionaria es la siguiente:
- Gobierno de Arabia Saudita 81.48% de las acciones.
- Fondo de Inversión Pública (PIF) y subsidiarias: 16.00%, a través del fondo soberano del reino y entidades como Sanabil Investments.
- Inversionistas públicos 2.48%, acciones que cotizan en la bolsa saudí desde su salida a mercado en 2019 y una oferta secundaria en 2026.
- Acciones en tesorería 0.04%, destinadas a programas internos y beneficios para empleados.
En conjunto, el Estado saudí —de forma directa o a través de su fondo soberano— controla alrededor del 97.48% de Aramco. Esta concentración de propiedad convierte a la petrolera no solo en una empresa estratégica, sino también en una de las principales fuentes de ingresos e influencia del reino a nivel global.
El tamaño y alcance de Saudi Aramco
Para entender la magnitud de Saudi Aramco, basta con compararla con otras grandes petroleras del mundo. Según datos de 2026, la compañía concentra cerca del 10% de la producción mundial de petróleo, con un volumen aproximado de 12.9 millones de barriles equivalentes por día.
En términos financieros, los números son igualmente impresionantes. Saudi Aramco registró ingresos por 445,654 millones de dólares y una capitalización de mercado cercana a 1.7 billones de dólares lo que la consolida como la empresa energética más valiosa del planeta.
Comparada con otras petroleras, la diferencia es abismal. Por ejemplo, ExxonMobil produce aproximadamente 4.7 millones de barriles diarios y registró ingresos de 323,905 millones de dólares en 2026. Pemex por su parte, produce alrededor de 2.4 millones de barriles diarios y reportó ingresos de 85,074 millones de dólares en el mismo año.
En cuanto a reservas probadas, Saudi Aramco cuenta con 247.2 mil millones de barriles equivalentes, una cifra que supera ampliamente a sus competidores. ExxonMobil, por ejemplo, tiene solo 19.3 mil millones de barriles equivalentes en reservas probadas.
Controversias y desafíos
Más allá de su tamaño y su papel en el mercado energético global, Saudi Aramco ha sido objeto de diversas controversias. Organizaciones como Amnistía Internacional han señalado a la petrolera por su contribución al cambio climático, vinculándola con más del 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero desde 1965.
Otra de las críticas se centra en su expansión en la producción de petróleo y gas, lo que ha generado cuestionamientos sobre posibles estrategias de greenwashing en medio de la transición energética global.
En materia de derechos humanos, Saudi Aramco está vinculada al historial del Gobierno de Arabia Saudita, señalado por detenciones arbitrarias, represión a la disidencia y casos de alto impacto internacional, como el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018.
Además, la empresa ha sido cuestionada por su participación en el llamado sportswashing a través de inversiones y patrocinios en eventos deportivos globales como la Fórmula 1 y el fútbol. Estos patrocinios son interpretados por algunos como un intento por mejorar la imagen del país en el escenario internacional.
Finalmente, Saudi Aramco enfrenta presiones legales en distintos países, incluyendo litigios por temas antimonopolio y demandas relacionadas con el impacto climático de sus operaciones.
La relación de Saudi Aramco con la FIFA
Saudi Aramco no solo es un gigante en el sector energético, sino también un actor relevante en el mundo del deporte. La petrolera saudí es uno de los principales socios globales de la FIFA ostentando los títulos de FIFA Major Worldwide Partner y Global Energy Partner.
Su participación en la FIFA va más allá del patrocinio tradicional. En el Mundial 2026, Saudi Aramco está involucrada en proyectos digitales como los FIFA Power Rankings forma parte de la entrega del premio al Mejor Jugador Joven del torneo y tiene presencia en plataformas de entretenimiento para aficionados como el FIFA World Cup Fantasy además de contenidos oficiales de resúmenes de partidos.
Además, la petrolera tiene presencia física en eventos de afición, como el “Aramco Arena”, instalado dentro del FIFA Fan Festival en Houston, donde se realizan actividades durante la Copa del Mundo.
Más allá de 2026, la relación entre Saudi Aramco y la FIFA toma mayor relevancia hacia el futuro. Los especialistas apuntan a que la petrolera será uno de los patrocinadores estratégicos del ciclo que culmina con el Mundial de 2034, torneo que se celebrará en Arabia Saudita. Esto coloca a Saudi Aramco en una posición particularmente relevante, ya que su vínculo con la FIFA no solo acompaña el Mundial en curso, sino que se extiende hacia la organización de una Copa del Mundo en su propio país.
Es un actor económico de escala mundial, profundamente integrado al Estado saudí. Su influencia se extiende a espacios de alta visibilidad internacional como el fútbol, donde la FIFA opera con una red de socios globales de alto perfil. Esta relación cumple una doble función: sostiene la arquitectura comercial de los torneos y proyecta a Arabia Saudita dentro del ecosistema deportivo global en un momento clave, con el horizonte del Mundial de 2034 en su propio territorio.



