Durante la última fase de la cosecha de aceitunas en la región occidental del río Jordán, la actividad agrícola se ha convertido en escenario de violencia protagonizada por colonos israelíes. Los episodios se han multiplicado a medida que los palestinos intentan recoger un recurso económico y cultural esencial, mientras grupos armados de colonos intimidan y atacan a quienes aparecen en el terreno.

El viernes pasado, la fotógrafa estadounidense Heidi Levine colaboradora del The Washington Post fue blanco de una emboscada en los olivares de Abu Falah, localidad cercana a Ramala. Un contingente de colonos, vestidos de negro, descendió desde un asentamiento considerado ilegal y, según testigos, lanzó piedras con hondas, prendió fuego a los árboles y persiguió al equipo de prensa. Levine, que llevaba un chaleco identificativo, recibió una serie de patadas, fue derribada al suelo y tuvo sus cámaras y teléfono arrebatados antes de ser trasladada al hospital Beilinson con varias contusiones.

Violencia contra palestinos y prensa en Abu Falah

Junto a la periodista, dos palestinos que acompañaban al grupo fueron también agredidos; uno de ellos requirió seis puntos de sutura por una lesión en la cabeza. Los atacantes, organizados en una acción coordinada, quemaron arbustos de olivo y destruyeron parte de la producción local, enviando un mensaje claro de intimidación. La comunidad palestina denunció que «harvesting olives, reporting the news or carrying out diplomatic duties should never put anyone at risk of attack», enfatizando que la presencia de observadores internacionales ya no garantiza seguridad alguna.

Ataques a diplomáticos europeos en Taybeh

El sábado, la violencia alcanzó a representantes extranjeros en la localidad cristiana de Taybeh. Un grupo de siete colonos armados con palos y piedras se abalanzó sobre una delegación que incluía al alcalde francés Bernard Baudoux, al arzobispo de Cambrai Vincent Dollmann, al cónsul general de Francia en Jerusalén y a los cónsules de Bélgica y Polonia. Durante el asalto, los agresores rompieron el cristal de una ventana de un vehículo blindado de la misión belga y obligaron a los diplomáticos a abandonar el coche mientras gritaban “Vive la France”. En total, tres personas resultaron heridas, entre ellas una mujer palestina de 70 años que fue golpeada en el rostro.

Los daños materiales incluyeron la destrucción de una ventana de la patrulla oficial y la sustracción de varias aceitunas de los árboles circundantes. Según el grupo de derechos Yesh Din desde el 27 de septiembre se han registrado más de 170 ataques contra agricultores, con al menos cuatro muertos y más de cien heridos. Las autoridades palestinas estiman que se han perdido miles de árboles, comprometiendo gravemente la economía local.

Reacciones internacionales y contexto legal

Ante la acumulación de hechos, el secretario de Estado Marco Rubio manifestó el sábado que Estados Unidos está «muy perturbado» por la serie de incidentes y reiteró la necesidad de que Israel «tome medidas enérgicas» contra los colonos. Rubio solicitó a la embajada estadounidense en Israel un informe que, según su calendario, debería recibirse el domingo, y recordó que el Presidente ha dejado clara su postura de evitar cualquier fricción que derive en una crisis en Cisjordania.

El vicepresidente belga Maxime Prévot condenó la agresión a diplomáticos y periodistas, subrayando que la violencia forma parte de la política de asentamientos y que «la ocupación del territorio palestino debe terminar». El párroco de Taybeh, Padre Bashar Fawadleh describió el episodio como una «escalada profundamente perturbadora» que no es un caso aislado, sino una tendencia que pone en riesgo a agricultores y visitantes internacionales por igual.

Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, anunció la apertura de una investigación policial y advirtió que los diplomáticos que viajen sin la coordinación militar requerida pueden exponerse a peligros. Sin embargo, una fuente diplomática occidental señaló que exigir notificaciones previas vulnera convenios diplomáticos y el derecho internacional, recordando que Israel es responsable de la seguridad en las áreas B y C del territorio.

El uso de normas restrictivas para la cosecha en el Área C, bajo control militar israelí, ha limitado la capacidad de los agricultores palestinos para acceder a sus propios árboles. Esta política, combinada con la impunidad percibida frente a los colonos, alimenta un clima de tensión que, según expertos, podría intensificarse si no se adoptan medidas efectivas de protección y rendición de cuentas.