El reciente Mundial de Fútbol 2026 ha vuelto a encender el debate sobre si este deporte une a las sociedades. Los medios de comunicación suelen destacar cómo los partidos de la selección mexicana o española generan una sensación de unidad nacional. Sin embargo, esta percepción merece un análisis más profundo.

Como aficionado al fútbol y antropólogo, he decidido explorar esta cuestión con la ayuda de la inteligencia artificial y las teorías sociológicas. El objetivo es repensar afirmaciones que, aunque populares, pueden no reflejar la realidad social.

La ilusión de la cohesión social

La inteligencia artificial, al ser consultada sobre este tema, afirmó que el fútbol satisface una necesidad humana fundamental: la pertenencia a un grupo. Según esta perspectiva, el fútbol actúa como un ritual colectivo que temporalmente hace desaparecer las diferencias sociales, políticas o culturales para dar paso a una identidad compartida.

Sin embargo, esta visión puede ser demasiado simplista. El profesor Manuel Delgado Ruiz, retomando aspectos expuestos por Emile Durkheim, explica que la solidaridad espontánea observada en los partidos de fútbol puede producir una efervescencia colectiva. Esta efervescencia genera lazos sociales emotivos y efímeros, similares a los que se producen en ciertas fiestas o manifestaciones.

El fútbol como ritual de confrontación

Los partidos de fútbol no son solo una exaltación del amor y paz sino que también portan en su conformación el enfrentamiento, el desorden temporal y la violencia. Estas características han llevado a la prohibición de fiestas y rituales en el pasado, o a su control por parte del poder institucional.

Quienes creen que el fútbol une profundamente a una sociedad, se acercan a la idea de solidaridad mecánica de Durkheim. Esta cohesión surge porque las personas comparten vínculos colectivos permanentes, como los comunitarios dados por la nación. Sin embargo, esta solidaridad contrasta con la solidaridad espontánea que se expresa durante un Mundial.

Nación, nacionalismo y fútbol

Las relaciones entre nación, nacionalismo y fútbol han sido ampliamente estudiadas. Sin embargo, es importante diferenciar entre las momentáneas muestras de solidaridad espontánea que un partido produce y una unión leída como algo eterno.

En España, por ejemplo, las victorias en los Mundiales de Sudáfrica y el reciente torneo no han cambiado los agravios regionales, los desencuentros históricos, ni la injusta distribución de la riqueza. Las discrepancias políticas y las segregaciones sociales no se modifican por un triunfo futbolístico.

Más bien, estas gestas deportivas internacionales ratifican la relevancia de los Estados nacionales en la política internacional. Las naciones y cierto nacionalismo se han convertido en nuestras amorosas jaulas impidiendo entender las diferencias culturales y las movilidades humanas.

La política detrás del fútbol

El fútbol se ha convertido en un escenario donde la política internacional se despliega para ratificar la relevancia de los Estados nacionales. Por encima de los seres humanos, las naciones y cierto nacionalismo han incrementado discursos de odio hacia quienes viven lejos de las imaginarias fronteras estatales.

Sería bueno diferenciar entre las momentáneas muestras de solidaridad espontánea que una justa deportiva produce y una unión leída como algo eterno. Esta última, la verdad, resulta un buen deseo o tal vez sea un temporal espejismo, pero no responde a las lógicas de nuestras sociedades.