La bahía de Cabo Pulmo, en la punta del East Cape de Los Cabos, se ha convertido en un ejemplo de recuperación marina que muchos consideran inspirador. Tras años de pesca excesiva, la comunidad local gestionó la creación de un parque nacional que permitió que las poblaciones marinas se recuperaran de forma excepcional: entre 1999 y 2009 la vida marina aumentó un 463%. Ese renacer ecológico colocó a la zona como referencia mundial para la conservación marina y el turismo de buceo.
No obstante, el paso del tiempo trajo consigo nuevos peligros: la presión inmobiliaria ligada al auge turístico de Los Cabos ha colocado a Cabo Pulmo en la mira de grandes proyectos. La tensión entre protección ambiental y desarrollo se ha intensificado, con propuestas que prometen inversión pero también presentan riesgos concretos para el arrecife, los corredores biológicos y las fuentes de agua que sostienen el ecosistema.
Cancelación de permisos y los motivos ambientales
En marzo, la Semarnat calificó como ambientalmente “no viable” el desarrollo conocido como Baja Bay Club, ubicado apenas 1.5 kilómetros de Cabo Pulmo. El proyecto, que contemplaba 422 villas, un hotel de 275 habitaciones, una marina y un campo de golf de 18 hoyos diseñado por David McLay-Kidd, presentaba omisiones relevantes en su expediente. Entre los puntos señalados por la autoridad estuvo la ocultación de fuentes de agua y del escurrimiento, elementos decisivos por su impacto potencial sobre el arrecife; además, la documentación fue fragmentada en dos trámites para intentar evitar un impacto ambiental regional.
Implicaciones para el arrecife
La cercanía del proyecto y la falta de información técnica sobre aguas y drenaje suponen una amenaza directa para la salud del arrecife. Semarnat subrayó que la construcción habría afectado corredores de fauna y especies protegidas, por lo que la decisión administrativa se basó en la necesidad de salvaguardar los valores ecológicos de la zona. Aunque la resolución es un avance para la conservación, es probable que el tema derive en nuevos recursos legales y administrativos, dado que la disputa sobre estos terrenos se extiende por décadas.
Raíces del conflicto: de Cabo Cortés a nuevos empaques
El conflicto actual tiene historia. En 2006 la empresa española Hansa Urbana presentó el megaproyecto Cabo Cortés sobre 3,814 hectáreas, que incluía 15 hoteles, 30,000 cuartos, dos campos de golf y una marina. La oposición ciudadana y de organizaciones ambientales logró presionar durante años: en 2012 el entonces presidente Felipe Calderón anunció la intención de cancelar la obra y, finalmente, en 2015 la Semarnat emitió un dictamen de más de 100 páginas declarando la incompatibilidad del proyecto con la protección de Cabo Pulmo.
Investigación y vacío institucional
En 2011 el Senado solicitó indagar la concesión de permisos a Cabo Cortés para determinar si hubo irregularidades, pero esa investigación nunca se completó. La falta de rendición de cuentas en ese episodio alimentó desconfianza sobre cómo se autorizan megaproyectos en áreas sensibles y abrió la puerta a posteriores intentos de reaprovechar tierras originalmente destinadas al proyecto vetado.
Reempaques, actores y el mapa de nuevos proyectos
Posteriormente, el terreno originalmente de Hansa Urbana fue parcialmente adquirido por el Cabo Dorado Trust, que transformó 600 hectáreas en la propuesta conocida como Baja Bay Club. El fideicomiso está administrado por Diego Sánchez Navarro, vinculado a Grupo Desarrolla y a una familia con gran influencia en la región. Entre los socios del proyecto figuran DMB Development, Hart Howerton y Swaback Architects and Planners. En las semanas finales de la administración de Andrés Manuel López Obrador se aprobaron permisos para este y otro desarrollo menor, La Abundancia (68.6 hectáreas).
Para febrero de 2026 los permisos de ambos proyectos quedaron suspendidos; en marzo el permiso de Baja Bay Club fue cancelado, mientras que el estatus de La Abundancia permanece en revisión. Aun así, quedan más de 3,000 hectáreas vinculadas al antiguo Cabo Cortés que podrían ser objeto de futuras propuestas, por lo que la disputa territorial y ambiental continúa abierta.
Turismo de cruceros: auge y presiones complementarias
Paralelamente, la presión sobre la costa proviene del crecimiento del turismo por vía marítima. En 2026 Cabo San Lucas alcanzó un hito: más de 1,057,758 pasajeros procedentes de 285 buques, la primera vez que supera el millón de visitantes en cruceros. Otros puertos del Pacífico también batieron récords en 2026, como Ensenada con 1.3 millones y Puerto Vallarta con 1 millón. El aumento en llegadas a Cabo San Lucas en 2026 fue del 46% respecto a 2026, y en enero-febrero de 2026 se registraron 264,140 arribos, un 75% más que en los mismos meses de 2026.
El fenómeno tiene una causa clara: embarcaciones más grandes. En 2026 el promedio por barco en Cabo San Lucas era de 2,382 pasajeros; en 2026 la cifra subió a 3,711. Además, navieras como Carnival proyectan naves con capacidad para 8,000 pasajeros para 2029, lo que presagia mayor presión sobre infraestructuras costeras y servicios locales.
Conclusión: entre esperanza y vigilancia
Cabo Pulmo sigue siendo un símbolo de lo que puede lograrse con gestión comunitaria y protección efectiva: su recuperación ecológica es un faro de esperanza. Sin embargo, la coexistencia con desarrollos turísticos masivos y el creciente tráfico de cruceros exige una vigilancia constante. La cancelación reciente de permisos es un triunfo momentáneo, pero la existencia de tierras sin urbanizar y el interés de grandes inversionistas mantienen viva la disputa. Proteger el arrecife requerirá tanto decisiones administrativas sólidas como participación social continua para asegurar que el parque nacional no ceda ante proyectos que pongan en riesgo su restauración.
