En la avenida Regimiento Patricios 1053, en el barrio de Barracas, un edificio que fue corazón de la industria textil argentina inicia una nueva etapa. La antigua sede de la Fábrica Argentina de Alpargatas, fundada en 1890, pasó décadas marcando la actividad productiva de la zona; hoy su presencia de ladrillo y estructura metálica es la base de un plan de reconversión que busca mezclar memoria y usos contemporáneos.
El proyecto, bautizado Palacio Molina, se propone intervenir sin borrar la historia: conservación estructural, adaptación para viviendas y espacios de trabajo y una oferta de amenities pensada para atraer usuarios e inversores. La operación combina preservacionismo arquitectónico con un modelo de uso mixto que apunta a reactivar esa manzana de Barracas.
El proyecto y las cifras clave
El emprendimiento contempla una inversión cercana a US$100 millones sobre un terreno de 12.765 m², delimitado por la avenida Patricios y las calles Lamadrid, Olavarría y Azara. La superficie total proyectada ronda los 58.161 m², distribuidos entre unidades residenciales, oficinas, locales comerciales y cocheras. En la primera etapa se construirán 187 lofts con superficies entre 35 y 140 m²; las unidades salen al mercado con un precio de prelanzamiento de US$1.650/m² y hubo una preventa que permitió asegurar la compra del terreno en diciembre de 2026.
Usos mixtos, tipologías y comercialización
La propuesta integra distintas tipologías: además de los lofts, el plan incluye cinco plantas libres de oficinas de 870 m² cada una, siete locales comerciales con superficies entre 365 y 620 m² y una oferta futura de 242 viviendas que se desarrollarán en una segunda etapa. Se proyectan también 250 cocheras. Los precios de las oficinas se ubican alrededor de US$2.800/m² y los locales parten desde valores que superan los US$900.000 según tipología. La desarrolladora implementó esquemas de financiación que contemplan un anticipo y cuotas para acompañar la demanda.
Venta inicial y expectativas de valor
La compañía responsable del emprendimiento informó que una etapa de venta previa permitió comercializar la mayoría de las unidades lanzadas inicialmente, lo que facilitó la adquisición del predio. Los desarrolladores esperan que la visibilidad del proyecto, incluida la realización de eventos culturales en el predio, eleve el valor del metro cuadrado: la proyección apunta a una suba desde el precio de prelanzamiento hacia valores superiores tras acciones de puesta en valor.
Arquitectura, conservación y las intervenciones previstas
El diseño arquitectónico respeta la estructura original: no se prevén demoliciones significativas y la intervención prioriza la recuperación de elementos históricos como ladrillo a la vista, marcos metálicos y las ventanas de medio punto que definen la impronta industrial. El equipo a cargo plantea trabajos de limpieza profunda de fachadas, restauración de elementos y adaptación interior para que convivan el carácter fabril con instalaciones modernas. La clasificación de algunas unidades como Palacio Molina implicará terminaciones superiores ubicadas dentro del edificio de 1890.
Intervenciones técnicas y conservación
Entre las tareas previstas figuran la estabilización estructural, la reposición de carpinterías con criterios de conservación y la recuperación del ladrillo original. El objetivo declarado es mantener la volumetría y la modulación de la fábrica, adaptando las plantas para viviendas y oficinas con alturas generosas que conservan el rasgo industrial. Los responsables calificarán la obra como un proceso de intervención con enfoque conservacionista.
Impacto urbano y perfil de demanda
Barracas, con su pasado industrial ligado al puerto y a galpones históricos, viene experimentando una transformación que combina proyectos culturales, gastronómicos y residenciales. La reconversión del predio de Alpargatas se inscribe en un contexto de regeneración del sur porteño, donde iniciativas previas como Molina Ciudad funcionaron como motor de demanda y revalorización. Los desarrolladores observan interés tanto de compradores locales como de residentes de municipios lindantes, atraídos por la combinación de patrimonio y servicios.
Compradores e inversores
Según los responsables de comercialización, la clientela es variada: hay inversores que buscan rentabilidad en alquileres y usuarios finales atraídos por espacios amplios y techos altos; además existe un segmento aspiracional proveniente de localidades como Avellaneda y Quilmes. En proyectos previos de la misma desarrolladora, los alquileres promedios se ubican en un rango que demuestra demanda sostenida, lo que alimenta las expectativas de rentabilidad para Palacio Molina.
En conjunto, la intervención pretende revalorizar no solo una manzana sino el tejido urbano del sector sur, combinando la recuperación del patrimonio industrial con la creación de un nuevo polo de convivencia entre vivienda, trabajo y comercio en Barracas.
