Un estudio reciente del WWF-Brasil puso en números lo que muchas comunidades costeras ya perciben: cuidar la costa también produce ingresos. La investigación, con datos de 2026, estima que nueve unidades de conservación en el tramo que enlaza el sur de Bahía con el norte de Espírito Santo generaron más de 29.000 empleos y movilizaron recursos cercanos a R$ 536,3 millones para la economía local. Estos resultados ponen en valor la relación directa entre protección ambiental y actividad económica, y sirven como evidencia para debates sobre políticas públicas y gestión marina.
El muestreo incluyó cinco unidades en territorio bahiano y cuatro en Espírito Santo, combinando distintos modelos de gestión. En Bahía se analizaron el Parque Nacional Marinho dos Abrolhos, las Resex Cassurubá y Canavieiras, la Resex Marinha do Corumbau y el Parque Natural Municipal Marinho do Recife de Fora. En Espírito Santo se consideraron las APA Costa das Algas y la APA da Foz do Rio Doce, el Refúgio de Vida Silvestre de Santa Cruz y la Reserva Biológica de Comboios. Las siglas y categorías se usan con fines técnicos: por ejemplo, Resex es Reserva Extrativista y APA es Área de Protección Ambiental.
Impacto económico y empleo
El estudio distingue las fuentes de empleo vinculadas a las áreas protegidas. Según los datos, la pesca aportó 22.137 puestos de trabajo asociados directamente a las unidades de conservación estudiadas, con especial peso en las Resex Canavieiras, Cassurubá y Corumbau. El turismo ligado a la naturaleza generó 6.955 empleos, mientras que el sector ambiental —tareas de gestión y protección— aportó otros 71 empleos. Ampliando la mirada a la región completa, la pesca pudo haber generado hasta 31,3 mil puestos y cerca de R$ 537 millones, y el turismo hasta 65,7 mil empleos con una facturación estimada de R$ 1,35 mil millones; juntos, ambos sectores representaron unos 97 mil puestos de trabajo y aproximadamente R$ 1,9 mil millones de movimiento económico en el periodo analizado.
Modelos de gestión y vínculo con las comunidades
Las áreas protegidas combinan enfoques distintos y complementarios. En las Resex solo las comunidades tradicionales pueden extraer recursos, practicar la pesca y realizar turismo regulado; este esquema garantiza el uso sostenible y protege medios de vida locales. En cambio, las APA permiten actividades de terceros, siempre bajo normas específicas, y las áreas de protección integral se dedican a preservar ecosistemas con acceso limitado a la visita pública. Una voz clave del estudio, la bióloga Danieli Nobre, explica que muchos residentes desconocían el valor económico de los servicios que prestan sus actividades cotidianas, y que la evidencia numérica ayudó a fortalecer la defensa comunitaria.
Valores ecológicos y conectividad marina
La franja costera estudiada incluye dos de los bancos de coral más importantes del Atlántico Sur: el banco de Abrolhos y el Royal Charlotte, y abarca desde la desembocadura del río Jequitinhonha hasta la del rio Doce. La delimitación espacial del trabajo cubre cerca de 56.000 km² de plataforma continental, extendiéndose hasta 200 km mar adentro. Los arrecifes de coral, comparados en función ecológica con las selvas tropicales, ocupan muy poca superficie global pero sostienen una proporción significativa de la vida marina; por ello, su protección es clave para actividades como la pesca y el turismo científico y recreativo.
Especies y funciones: las ballenas y el efecto refugio
La región es también una ruta migratoria para la ballena jorobada, que viaja desde la Antártida hasta aguas templadas de Bahía para reproducirse y cuidar a las crías; el Parque de Abrolhos actúa como un verdadero berçário o área de crianza. La prohibición de la pesca en zonas de protección integral fomenta el fenómeno de spillover, donde las poblaciones de peces se recuperan y se desplazan hacia áreas donde la pesca está permitida, beneficiando a los pescadores fuera de las zonas estrictamente protegidas.
Cooperación y uso de la información
El trabajo es parte de un proyecto coordinado por WWF-Brasil en asociación con el ICMBio y actores de la sociedad civil, orientado a ampliar la red de áreas marinas protegidas en Brasil. Los resultados buscan alimentar la formulación de políticas públicas y fortalecer la gestión local, mostrando que la conservación puede ser una palanca de desarrollo para municipios costeros y para las familias que dependen del mar. Además, la investigación utilizó fuentes como el Ministerio del Turismo para estimar el número de visitantes atraídos por el ecoturismo, categoría que se presenta como el principal motivo de viaje para alrededor del 12% de quienes llegan a la región.