Tras manifestar su apertura a una posible candidatura presidencial en 2029, Michelle Bachelet y Evelyn Matthei fueron blanco de una serie de comentarios que hacían referencia a su edad y a supuestas obligaciones del hogar. Los dichos, emitidos por dirigentes de la ultraderecha, pretendían empañar sus trayectorias y reducir su presencia política a meras funciones domésticas.

Los ataques se enfocaron en dos ejes recurrentes: el edadismo y el machismo. Al señalar que la expresidenta debería dedicarse a “cuidar a sus nietos” o que Matthei podría “cocinar cazuelas”, los interlocutores trasladaron la discusión de la esfera de propuestas a una esfera personal, insinuando que la edad avanzada y el género hacen inviable la participación en cargos de alta responsabilidad.

Reacciones de las protagonistas y del entorno político

El diputado Javier Olivares, del Partido de la Gente, fue el primero en lanzar la provocación que revivió el debate. En su discurso, sugirió que Bachelet debería retirar su candidatura y disfrutar de la familia, mientras que Matthei fue comparada con una figura encuadrada en la cocina. Otros parlamentarios, como el senador Rodolfo Carter y el dirigente libertario Johannes Kaiser, también se sumaron a la corriente, poniendo en tela de juicio la capacidad física y cognitiva de ambas mujeres.

Matthei respondió con firmeza, enfatizando que la evaluación de cualquier político debe basarse en capacidad, ideas y resultados no en la supuesta “tarea doméstica” que supuestamente cumplirían. «En Chile, el tiempo donde mandaban a las mujeres a la cocina ya pasó», declaró, subrayando la necesidad de romper con viejos estereotipos. Por su parte, Bachelet rememoró el intento de desinformación que vivió su rival en 2025, cuando se difundieron videos editados para hacerle creer que padecía Alzheimer.

Ambas lideresas coincidieron en que la discriminación basada en género y edad constituye un obstáculo estructural para la representación femenina. A pesar de sus diferencias ideológicas —Bachelet es figura histórica de la izquierda socialista y Matthei representa la derecha tradicional—, mantuvieron una postura unida frente a los ataques, señalando que el derecho a decidir su futuro político no debe ser condicionado por prejuicios.

Implicaciones institucionales y perspectiva de futuro

Los incidentes no quedaron solo en el ámbito de la opinión pública; la Comisión de Ética de la Cámara de Diputadas y Diputados recibió la solicitud de varios legisladores socialistas para investigar las declaraciones de Olivares. La ministra de la Mujer y Equidad de Género, Judith Marín, exigió una disculpa pública, que el diputado se negó a ofrecer.

En paralelo, la oposición chilena organizó un encuentro con Bachelet en la sede de la Fundación Horizonte Ciudadano, buscando clarificar su posible rol en la contienda electoral de 2029. Representantes de la Democracia Cristiana, el Partido Comunista y el Frente Amplio asistieron, subrayando que la figura de la expresidenta podría aportar unidad al bloque opositor, aunque también generó temores sobre la concentración de poder en torno a un solo líder.

Mientras tanto, la sombra del gobierno de José Antonio Kast, que apenas ha cumplido su primer año, sigue presente. El debate sobre la candidatura de Bachelet y Matthei se inserta en una discusión más amplia sobre cómo la política chilena puede incorporar a mujeres de larga trayectoria sin que se les impongan límites por su edad o género. La expectativa es que, independientemente de la decisión que tomen, el episodio marque un punto de inflexión en la manera en que se perciben y se tratan a las mujeres en la esfera pública.