El presidente Rashad al-Alimi declaró el domingo 4 de octubre el inicio de la operación «Amanecer de Yemen» una ofensiva estratégica destinada a recuperar territorios perdidos frente a los hutíes. La iniciativa se concentra en zonas clave como Mokha, el estrecho de Bab el-Mandeb y la capital, Sana’a, ocupada por los rebeldes desde 2014. El anuncio marcó, según el general Mohammed al-Hakim, un «punto de inflexión» que pasa de una gestión reactiva del conflicto a una estrategia proactiva para revertir el golpe de Estado.
Desde la ruptura del alto el fuego de 2022 en julio, los hutíes intensificaron sus ofensivas, llegando a controlar Mokha y a avanzar hasta el estratégico paso marítimo que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén. En septiembre, la presión se trasladó a Taiz, donde los rebeldes cercaron la ciudad y bloquearon la ruta que la une con Adén, sede del gobierno reconocido internacionalmente.
Participación de la coalición saudí y resultados en el terreno
La coalición internacional liderada por Arabia Saudí se incorporó a la contraofensiva el lunes 5 de octubre, movilizando cien aviones de combate que, según su portavoz el general Turki al-Maliki, destruyeron 324 objetivos de alto valor en los primeros días de la operación. La coalición aseguró también la protección aérea del estrecho de Bab el-Mandeb y el suministro de apoyo aéreo las 24 horas a las tropas yemeníes. Un informe militar citó por la AFP registró 270 muertos en un lapso de 24 horas durante los intensos combates.
Las fuerzas gubernamentales reportaron avances en la zona de Taiz y en varios puntos de la costa del Mar Rojo. Asimismo, anunciaron la captura del aeropuerto de Dhubab, cercano al estrecho, y la interrupción de la carretera que conducía a la localidad portuaria de Moca, anteriormente bajo control hutí.
Respuesta de los hutíes y la escalada hacia Arabia Saudí
Los representantes del movimiento hutí negaron cualquier pérdida de terreno, describiendo a las tropas saudíes como «mercenarios» y asegurando que sus unidades rodearon y contenían a los ofensores. Mohamad al-Baghiti, miembro del consejo político de Ansarullah, afirmó que la ofensiva fue anticipada y que su objetivo principal era «levantar la moral» de sus fuerzas, a la vez que describió la operación como una serie de «derrotas» para sus adversarios.
En respuesta, los hutíes intensificaron los ataques contra infraestructuras saudíes, incluyendo los aeropuertos de Jizán y Najrán, que dejaron tres heridos leves, y una reivindicación de ataques con drones y misiles contra el aeropuerto internacional de Riad. También señalaron un nuevo bombardeo al aeropuerto de Adén, sede del gobierno yemení reconocido, y advirtieron que el espacio aéreo saudí «no es seguro» para vuelos civiles.
Estos actos se enmarcan dentro de una campaña más amplia contra la economía saudí, que ha sufrido interrupciones en el oleoducto Este-Oeste, clave para exportar petróleo sin pasar por el estrecho de Ormuz. La vulnerabilidad de este activo estratégico ha motivado a Arabia Saudí, Turquía y Pakistán a activar un acuerdo defensivo firmado en agosto en La Meca, comprometiéndose a responder conjuntamente a cualquier agresión contra uno de los tres países.



