En la tarde del 18 de septiembre de 2026, gran parte de la isla quedó sumida en la oscuridad tras el octavo apagón nacional registrado este año. La caída afecta a más de nueve millones de habitantes y evidencia una crisis energética que se intensifica desde enero, cuando el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos dificultó la importación de crudo.

Factores estructurales y bloqueo petrolero

El Ministerio de Energía y Minas (Minem) reconoce que la situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) es «aguda», «crítica» y «extremadamente tensa». La isla necesita alrededor de 60.000 barriles de petróleo al día para mantener la generación eléctrica, pero solo logra producir 40.000 barriles de forma nacional, dependiendo del resto de importaciones que el bloqueo impide. La falta de inversión en mantenimiento de centrales, sumada al envejecimiento de la infraestructura, hace que cualquier alteración en la cadena de suministro provoque una interrupción masiva.

Detalles del octavo corte eléctrico y áreas impactadas

El fallo comenzó en la zona occidental, donde una sobrecarga en las líneas de transmisión provocó la desconexión del SEN. Inicialmente se vieron sin suministro las provincias de Pinar del RíoArtemisaLa Habana y Matanzas. A medida que la red colapsó, el apagón se extendió progresivamente hacia el centro del país, dejando sin energía a cientos de miles de hogares y a 46 hospitales de la capital.

Proceso de restablecimiento del SEN

La reactivación del sistema es un proceso lento que combina fuentes de arranque como la energía solar, hidroeléctrica y pequeños motores de generación. Según datos de la Empresa Eléctrica de La Habana, menos de 24 horas después del corte se había restablecido el 47,7 % de los circuitos en la capital, beneficiando a 411 765 de los 862 889 clientes. La prioridad es restablecer el suministro a infraestructuras esenciales, como plantas de tratamiento de agua y servicios básicos, antes de volver a alimentar áreas residenciales.

Respuesta de la población y medidas improvisadas

Frente al corte prolongado, los cubanos han recurrido a ingeniosas soluciones: paneles solares portátiles para cargar teléfonos, ventiladores fabricados con piezas de madera y metal, y baterías de coche reutilizadas como fuentes de energía temporal. Estas iniciativas, aunque modestamente efectivas, subrayan la dependencia de la población en la resiliencia comunitaria ante la falta de un suministro estable. Asimismo, la presión internacional y la escasez de combustible continúan alimentando el debate sobre la necesidad de diversificar la matriz energética cubana.