La Argentina informó oficialmente que las primeras señales del microsatélite ATENEA fueron captadas por las estaciones terrestres de la CONAE ubicadas en Córdoba y Tierra del Fuego. Tras su separación del conjunto que lo llevó a la estratósfera, el pequeño satélite se encendió de forma autónoma, verificó sus subsistemas y comenzó a estabilizar su actitud para transmitir datos de telemetría. La recepción inicial abre la etapa de prueba que permitirá a los equipos nacionales comprobar funciones de seguimiento y comunicación en un entorno de alta exigencia técnica.
El registro de la señal se complementa con copias almacenadas por una estación en Vietnam, y mediante acuerdos de cooperación internacional se espera disponer de hasta 20 horas de información combinada. La Oficina del Presidente (OPRA) destacó este hecho como un hito espacial para el país y remarcó la cooperación con NASA en el marco de la misión Artemis II. En su comunicado, OPRA resaltó además el papel del Gobierno nacional en promover la inserción internacional de la tecnología argentina.
Un proyecto federal ensamblado por universidades e instituciones
El desarrollo de ATENEA fue resultado de una colaboración entre organismos públicos, universidades y la industria: participaron la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la CONAE y la empresa VENG S.A.. El equipo estuvo compuesto en su mayoría por estudiantes y docentes que asumieron el desafío de construir un CubeSat 12U con desarrollo íntegramente nacional, un esfuerzo que busca fortalecer capacidades tecnológicas y formación de recursos especializados.
Cómo viajó y qué medirá Atenea
ATENEA viajó alojado en la nave Orion y fue liberado tras la separación de la etapa superior, iniciando su activación automática. El microsatélite, con dimensiones aproximadas de 30 x 20 x 20 centímetros, fue diseñado para operar a distancias inusuales para cargas nacionales —alrededor de 70.000 kilómetros—, una posición que permitirá recopilar mediciones valiosas sobre radiación y el comportamiento de componentes electrónicos en condiciones de espacio profundo. El objetivo es validar tecnologías y sensores que podrían aplicarse en futuras misiones más complejas.
Objetivos científicos y tecnológicos
Entre las tareas planificadas se cuentan la medición de niveles de radiación, la evaluación del rendimiento de dispositivos bajo estrés ambiental y la prueba de señales de navegación GNSS (GPS, GLONASS y Galileo) a altitudes superiores a las de las constelaciones habituales. Asimismo, ATENEA evaluará enlaces de comunicación de largo alcance, sensores de muy baja luminosidad y sistemas de medición de radiación como los fotomultiplicadores de silicio (SiPM). Estas pruebas buscan aumentar el nivel de madurez tecnológica de subsistemas críticos.
Operación y seguimiento desde tierra
Las estaciones de la CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego podrán seguir al microsatélite en ventanas de entre 10 y 11 horas; el resto del tiempo la señal quedará registrada por la estación asociada en Vietnam. Gracias a la cooperación internacional y a acuerdos entre agencias, se podrá disponer de hasta 20 horas de datos combinados para análisis, prueba de procedimientos de telemetría y gestión remota de la misión.
Significado estratégico para la ciencia argentina
La participación de Argentina en Artemis II con ATENEA no sólo demuestra la capacidad técnica local, sino que también posiciona al país como socio confiable en programas espaciales de alto valor. Las instituciones involucradas consideran que la experiencia reforzará la formación de ingenieros y científicos, potenciará la industria nacional y ampliará oportunidades de colaboración internacional. La misión será observada con atención por la comunidad científica para definir futuras participaciones en vuelos lunares y marcianos.
Perspectivas
Si las pruebas cumplen los objetivos, los resultados podrán aplicarse en satélites comerciales y en desarrollos nacionales posteriores. La operación de ATENEA en entornos extremos aportará datos clave sobre radiación, comunicaciones y sensores, y servirá como laboratorio en órbita para validar tecnologías que podrían ser decisivas en la próxima generación de misiones espaciales argentinas.