En la noche del 7 de septiembre de 2002, Walter Olmos, una de las promesas más brillantes del cuarteto se preparaba para tres shows en Quilmes, Berazategui y La Plata. Una llamada telefónica a su madre, Noemí del Valle Nieto, marcó el inicio de una tragedia que conmocionó al país. A las 00:10 del 8 de septiembre, Walter Olmos murió a los 20 años, dejando un vacío en la música popular argentina.
Nacido el 22 de abril de 1982 en San Fernando del Valle de Catamarca, Walter Olmos creció en una familia humilde y numerosa. Su infancia estuvo marcada por la pobreza y las dificultades económicas, experiencias que más tarde plasmó en sus canciones. A los 13 años, fue enviado a un instituto de menores, donde descubrió su pasión por el cuarteto y su devoción por la Virgen del Valle.
De las calles de Catamarca a los escenarios nacionales
La vida de Walter cambió cuando Rodrigo Bueno, una de las grandes figuras del cuarteto, lo escuchó cantar. Impresionado por su talento, Rodrigo lo invitó a acompañarlo en sus presentaciones. Con apenas 17 años, Walter comenzó a viajar con El Potro y a conocer la vida de un artista profesional. La relación entre ambos trascendió lo musical; Rodrigo se convirtió en su padrino artístico y en una figura de referencia.
Uno de los momentos decisivos en la carrera de Walter fue cuando cantó junto a Rodrigo ‘Por lo que yo te quiero’, una canción que lo catapultó a la fama. Sin embargo, la muerte de Rodrigo en un accidente automovilístico el 24 de junio de 2000 lo dejó en un lugar que nunca había buscado: el de posible sucesor del ídolo. Aunque aceptaba la admiración por su mentor, Walter rechazaba la idea de ocupar su lugar. ‘Rodrigo es único, la Mona es único y yo quiero ser único’, declaró en una entrevista.
El ascenso veloz y el trágico final
Después de la muerte de Rodrigo, Walter tuvo que demostrar que podía sostenerse por sí mismo. Lo hizo a una velocidad inesperada. En 2000 lanzó su primer disco solista, A pura sangre que tuvo un éxito rotundo y lo convirtió en una de las nuevas figuras de la música popular. Conocido como ‘La Locomotora Catamarqueña’, Walter recorrió distintas provincias de Argentina y también se presentó en Chile, Bolivia, Uruguay y Paraguay.
En 2001, agotó las entradas de sus cinco presentaciones en el Luna Park, señal de que ya no era solamente el joven ahijado artístico de Rodrigo sino que había conseguido construir un público propio. Canciones como ‘Amor fugitivo’, ‘Amor adolescente’, ‘Chico de la calle’ y ‘Virgencita del Valle’ se convirtieron en clásicos del género. Sin embargo, el éxito también trajo consigo un ritmo de vida agotador. Walter reconoció en una entrevista previa a uno de sus shows: ‘Estoy muy cansado, con sueño, tengo hambre, extraño a mi familia’.
La noche trágica y el legado de Walter Olmos
La noche del 7 de septiembre de 2002, Walter Olmos llegó con sus músicos al residencial San Cristóbal Inn en el barrio porteño de San Cristóbal. Antes de salir, llamó por teléfono a su mamá y a su novia, Vanesa Passaro, prometiendo prepararle el desayuno al regresar. En la habitación 22, había pizza, cervezas y un clima distendido. Según los testimonios, Walter tenía una pistola Bersa calibre.22 que le había regalado un amigo. Comenzó a manipularla y a bromear con los músicos. Un disparo accidental terminó con su vida a las 00:10 del domingo 8 de septiembre.
La noticia se extendió durante la madrugada. En Buenos Aires, los móviles de televisión comenzaron a llegar al hotel de la calle Estados Unidos y los fans se acercaron para confirmar una noticia que parecía imposible. En Catamarca, la familia se enteró por teléfono. Noemí, la madre de Walter, tuvo que viajar a Buenos Aires en un avión dispuesto por la gobernación para reconocer el cuerpo. La muerte de su hijo golpeaba de lleno a una familia que todavía esperaba verlo volver a casa.
El adiós mostró la dimensión de su popularidad. Primero fue despedido en Mundo Bailable, en Ingeniero Budge, y después sus restos fueron trasladados a Catamarca. Una multitud acompañó el cortejo durante kilómetros hasta el cementerio. Había fanáticos que cantaban sus canciones, familias enteras y jóvenes que habían convertido a aquel muchacho catamarqueño en uno de sus ídolos. Walter Olmos había muerto con apenas 20 años, cuando llevaba poco más de dos como figura nacional y cuando su carrera todavía parecía estar empezando.



