Saltar al contenido
21 julio 2026

La transformación de Barranquilla frente a sus arroyos: un siglo de historia

Barranquilla, conocida por sus arroyos, ha logrado una transformación significativa en el manejo de estos cauces. Descubre cómo la ciudad ha evolucionado y qué desafíos aún enfrenta.

La transformación de Barranquilla frente a sus arroyos: un siglo de historia

Barranquilla, la vibrante capital del Atlántico, ha sido históricamente conocida por sus arroyos. Durante décadas, estos cauces naturales fueron sinónimo de tragedias y parálisis urbana. Sin embargo, en los últimos años, la ciudad ha emprendido una transformación significativa en su manejo.

La famosa frase del cómico Lucho Torres«en Barranquilla, el único arroyo que no se lleva a la gente es el Joe», capturaba la esencia de un problema que afectaba a la ciudad desde hace más de un siglo. Las lluvias intensas convertían las calles en ríos, paralizando la vida cotidiana y poniendo en riesgo la seguridad de los ciudadanos.

Una ciudad construida sobre el agua

Barranquilla se desarrolló sobre una llanura aluvial conectada al río Magdalena. A medida que la ciudad crecía, las lluvias se concentraban en corredores naturales, formando corrientes superficiales peligrosas. El geólogo Humberto Ávila advirtió que el problema no era solo la falta de alcantarillado pluvial, sino también la pérdida progresiva de áreas permeables debido a la urbanización acelerada.

Para 2000, se habían identificado 23 arroyos importantes siete de los cuales podían paralizar la movilidad urbana. Entre los más peligrosos estaban los arroyos Rebolo, Felicidad, Country y calle 84. Estos cauces podían alcanzar caudales de hasta 150 metros cúbicos por segundo y velocidades superiores a seis metros por segundo suficientes para arrastrar vehículos y personas.

El costo humano de los arroyos

El impacto de los arroyos no se mide solo en infraestructura, sino también en vidas humanas. Según el Proyecto Arroyos de Barranquilla hasta octubre de 2026 se habían documentado al menos 117 muertes asociadas a estos fenómenos. La mayoría de las víctimas eran hombres menores de 40 años, y el 63% correspondía a peatones.

Un dato alarmante es que 68 fallecimientos estuvieron relacionados con el contacto directo con los arroyos, ya sea durante actividades recreativas o intentos de rescatar objetos. Entre las víctimas, 47 personas eran menores de 24 años que habían salido a «bañarse» durante los aguaceros, destacando la vulnerabilidad de los niños y adolescentes.

La transformación de Barranquilla

La década de marcó un punto de inflexión en la historia de los arroyos de Barranquilla. Entre 2015 y 2016, se estructuró un convenio que permitió financiar la intervención masiva de varios de los principales arroyos. La Corporación Regional Autónoma del Atlántico (CRA) facilitó una inversión de más de 710.000 millones de pesos para ejecutar obras de gran escala.

Las intervenciones incluyeron la canalización de corredores críticos como la Carrera 21, La Felicidad, Calle 76, Carrera 65, Hospital y la Calle 92. Estas obras beneficiaron a cientos de miles de habitantes y modificaron sectores que durante décadas estuvieron asociados al riesgo. Según la CRA, los proyectos de las calles 76, 65, Hospital y 92 ya se encuentran terminados, mientras que La Felicidad y la carrera 21 superan el 97% de ejecución.

El geólogo Nelson Rangel-Buitrago explica que Barranquilla logró una transformación profunda pero que el fenómeno no ha desaparecido. «Barranquilla dejó de ser la ciudad dominada por los grandes arroyos, pero no dejó de tener arroyos. Lo que cambió fue nuestra capacidad para manejarlos», afirma.

Hoy, la ciudad enfrenta nuevos desafíos, como el crecimiento urbano y el aumento de eventos extremos relacionados con el cambio climático. Las intervenciones actuales en zonas como la calle 85, La Pradera o Villa San Carlos demuestran que la tarea aún no termina.

La evidencia apunta a una conclusión difícil de discutir: Barranquilla ya no es la ciudad que fue durante buena parte del siglo XX e inicios del XXI. Los grandes arroyos que paralizaban la movilidad y cobraban vidas quedaron atrás en numerosos sectores gracias a una de las mayores apuestas de infraestructura urbana ejecutadas por la ciudad. Sin embargo, los arroyos siguen allí, escondidos bajo canales y sistemas de drenaje, recordando que Barranquilla nació en una geografía que nadie puede cambiar.

Autor

Andrés Rodríguez

Andrés Rodríguez, madrileño de 33 años con aire moderno y relajado, recuerda cubrir las protestas de la Puerta del Sol durante el 15-M desde una bicicleta. Defiende un periodismo cercano que prioriza testimonios vecinales frente a titulares fríos; vive en Malasaña y compagina crónicas con proyectos de audio local.