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4 junio 2026

La tradición del Fogaréu en Ouro Preto revive la pasión en la noche del jueves (2)

En la oscuridad de Ouro Preto, antorchas y farricocos recrearon la persecución de Cristo en el Fogaréu, una ceremonia que volvió a las calles tras su pausa centenaria

La tradición del Fogaréu en Ouro Preto revive la pasión en la noche del jueves (2)

En la noche del jueves (2) Ouro Preto volvió a apagarse para dejar que la luz de las antorchas marque el ritmo de una conmemoración antigua. Con la iluminación pública suspendida y los campanarios en silencio, la ciudad histórica se transformó en un escenario donde las sombras sobre las fachadas coloniales recrearon episodios de la Pasión de Cristo. La procesión, conocida localmente como el Fogaréu, combina elementos litúrgicos y teatrales: el público se coloca junto a las calles empedradas, los fieles caminan en silencio y las llamas dibujan una atmósfera que mezcla reverencia y tensión.

La marcha partió desde el Largo de Coimbra y avanzó con solemnidad hasta el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción, tras pasar por barrios y capillas históricas. Los organizadores tomaron una imagen religiosa en la iglesia de San Francisco de Asís, un gesto simbólico que representó la detención en el huerto de los olivos. Entre los asistentes hubo devotos, vecinos y turistas: por ejemplo, Maria José, de 64 años, viajó desde Ipatinga para vivir la tradición por primera vez y calificó la experiencia como profundamente emotiva. En paralelo, ritos como el lavapies se llevaron a cabo en varias localidades de Minas Gerais.

Los protagonistas y la puesta en escena

El centro de la representación lo ocupan los llamados farricocos, personajes envueltos en túnicas que ocultan el rostro con un capucho cónico. Cada atuendo tiene un color y un significado: el púrpura sugiere penitencia, el negro expresa luto, y las combinaciones de amarillo y rojo evocan la urgencia de una persecución. Al marchar, las botas golpean las piedras mientras las tochas proyectan sombras alargadas que parecen mover las casas. Este efecto lumínico convierte al público en parte del relato: quienes observan dejan de ser espectadores y pasan a compartir la tensión dramática de la escena.

El sonido y la ausencia de campanas

Tras la Misa de la Cena del Señor, las campanas permanecen mudas hasta la Vigilia Pascual; en su lugar suenan las matracas, instrumentos de madera cuyo ruido seco marca el paso de los penitentes. Ese sonido repetitivo genera un pulso casi hipnótico que acompasa la procesión, subrayando el carácter ritual del Fogaréu. Para muchos, el contraste entre la oscuridad, el crepitar del fuego y el toque rítmico de las matracas intensifica la sensación de estar ante un rito antiguo, donde la incomodidad y el recogimiento forman parte del aprendizaje espiritual que propone la Semana Santa.

Recorrido, organización y retorno de la tradición

El rito permaneció ausente en la ciudad durante más de un siglo y solo fue recuperado en 2019; durante la pandemia se presentó de forma virtual y desde 2026 se ha celebrado presencialmente cada Jueves Santo. Este retorno implicó ajustes logísticos: la ruta varía ligeramente cada año para adaptar la puesta en escena y la seguridad, y en la edición reciente participaron alrededor de setenta figurantes. El coordinador parroquial explicó que esa flexibilidad permite experimentar con trayectos y escenas hasta hallar la combinación que mejor funciona para el público y para la conservación del patrimonio urbano.

Hermandades, voluntarios y turismo

La organización corre a cargo de hermandades históricas y parroquias locales que comparten responsabilidades en la logística, el vestuario y la custodia de las imágenes. Además del carácter religioso, el Fogaréu se consolidó como un imán turístico: atrae visitantes de todo el país que buscan una experiencia que mezcla historia, arte sacro y emoción pública. Participantes como el restaurador Gustavo Bastos, de 26 años, que forma parte del cortejo desde la recuperación, destacan la fuerza del silencio, el toque de las matracas y la presencia de las antorchas como elementos que distinguen esta procesión de otras celebraciones pascuales.

En conjunto, la versión vivida en la noche del jueves (2) combinó memoria, interpretación y devoción: desde la apertura de capillas que normalmente permanecen cerradas hasta la representación de escenas de la vía sacra, todo contribuyó a una experiencia sensorial intensa. La ceremonia reafirma la capacidad de Ouro Preto para poner en valor su patrimonio religioso y urbano, ofreciendo una tradición que, aun renovada, conserva la solemnidad y la carga simbólica que la han hecho única.

Autor

Valentina Mariani

Valentina Mariani, veronesa, concibió una mini colección de mobiliario tras un montaje en el Teatro Romano: hoy produce contenidos de estilo para espacios domésticos. En la redacción promueve estéticas minimalistas y lleva siempre una muestra de tejidos que testimonia sus elecciones cromáticas personales y profesionales.