En la década de 2000, Escocia era conocida por sus altas tasas de violencia. La probabilidad de sufrir una agresión era más de tres veces mayor que en Estados unidos. Sin embargo, un cambio radical en la estrategia de abordaje logró transformar esta realidad, convirtiendo al país en un modelo global de reducción de la violencia.
El 24 de octubre de 2008, en el Tribunal del Sheriff de Glasgow, se llevó a cabo una sesión inusual. Frente al juez, no había acusados ni testigos, sino 85 miembros de bandas rivales del East End de Glasgow. Durante décadas, esta zona había sido escenario de violentos enfrentamientos entre bandas juveniles, crimen organizado y disputas por drogas y armas.
Un enfoque innovador para frenar la violencia
La Unidad Escocesa de Reducción de la Violencia (SVRU), creada en 2005 y ampliada a nivel nacional en 2006, fue la responsable de esta iniciativa. Karyn McCluskey, cofundadora y exdirectora de la SVRU, reflexiona sobre la audacia de la estrategia: «Debió de pensar que estábamos locos». La sesión en el tribunal fue la primera de las llamadas «sesiones de derivación voluntaria», parte de un esfuerzo nacional para frenar las alarmantes cifras de violencia.
Entre 2003 y 2005, Glasgow registró la tasa de homicidios más alta de Europa. Las cifras eran alarmantes: los escoceses tenían casi tres veces más probabilidades de sufrir una agresión que los estadounidenses. Sin embargo, en la década siguiente, la tasa de homicidios cayó un 56% en Glasgow y un 38% en todo el país. Los delitos violentos
El cambio de paradigma: violencia como problema de salud pública
El éxito de Escocia se debe a un cambio radical en la forma de percibir la violencia. Dejó de considerarse exclusivamente un problema de justicia penal para abordarse también desde la perspectiva de la salud pública. Will Linden, subdirector de la SVRU, explica que «la mayoría de los homicidios ocurrían casi por azar, sin estar planificados ni vinculados al crimen organizado».
La SVRU adoptó un enfoque similar al abordaje de enfermedades como el sarampión: tratar a los ya afectados, vacunar a los grupos de mayor riesgo y trabajar para prevenir el contagio en la comunidad. Este enfoque permitió identificar factores de riesgo como el desempleo, la pobreza y el entorno familiar inestable, así como factores protectores como la continuidad en los estudios y relaciones sólidas con los padres.
Iniciativas y colaboraciones clave
La SVRU implementó diversas intervenciones, desde sesiones de derivación voluntaria hasta programas educativos y colaboraciones con trabajadores sociales, médicos y docentes. Una de las iniciativas más destacadas fue la formación de dentistas para reconocer lesiones derivadas de la violencia y orientar a los pacientes hacia recursos de ayuda. Además, se logró reducir las expulsiones escolares, pasando de casi 45.000 en 2006-2007 a menos de 12.000 en 2026-2026.
En 2008, la cirujana oral Christine Goodall y dos colegas fundaron la organización benéfica Médicos contra la Violencia. Goodall, que había visto de primera mano los efectos de la violencia en los servicios sanitarios, impulsó proyectos educativos en escuelas y el programa Orientadores Hospitalarios, que sigue vigente hoy en día.
El éxito de Escocia en la reducción de la violencia ha llamado la atención a nivel mundial. Desde 2019, se han creado unidades de reducción de la violencia en 20 zonas policiales de Inglaterra y Gales, con resultados prometedores. La SVRU sigue formando parte de la Policía de Escocia y recibe financiación anual del gobierno escocés.



