En un mundo donde la digitalización avanza a pasos agigantados, las librerías tradicionales se encuentran en una encrucijada. La historia de Lucien Zahar Filho, propietario de la librería Galáxia en Río de Janeiro, es un claro ejemplo de esta lucha. Desde su fundación en 1956, la librería ha sido un refugio para intelectuales y amantes de la lectura, pero hoy enfrenta desafíos sin precedentes. La llegada de gigantes como Amazon ha transformado el panorama del comercio de libros, haciendo que las ventas en librerías físicas caigan drásticamente.
Un legado familiar en peligro
Lucien Zahar Filho no solo es un librero; es el último eslabón de una tradición familiar que ha resistido el paso del tiempo. Su padre y sus tíos fundaron la librería y la editorial que llevan su nombre, convirtiéndose en referentes en la publicación de obras de ciencias sociales y humanas. Sin embargo, el amor por los libros no es suficiente para mantener a flote un negocio que ha visto caer sus ventas de 1,400 a apenas 300 libros al mes. La nostalgia por el pasado se mezcla con la realidad de un presente incierto, donde cada día es una lucha por sobrevivir.
La cultura del libro en peligro de extinción
La situación de las librerías en Brasil es alarmante. Según la última edición de la investigación «Retratos da Leitura», el país ha perdido 7 millones de lectores en los últimos cuatro años. Este fenómeno no solo afecta a las librerías, sino que también pone en riesgo la cultura literaria del país. Espacios como la librería y sebo São José, con 85 años de historia, han cerrado sus puertas, dejando un vacío en la oferta cultural. La pandemia ha acelerado este proceso, obligando a muchas librerías a reinventarse o desaparecer.
Innovación y adaptación en tiempos difíciles
A pesar de los desafíos, algunas librerías han encontrado formas creativas de adaptarse. La librería Leonardo Da Vinci, por ejemplo, ha cambiado su modelo de negocio, enfocándose en libros brasileños y creando un bistró para atraer a más clientes. Además, han implementado una agenda de eventos que incluye más de 150 actividades al año, convirtiéndose en un punto de encuentro cultural. Este tipo de innovación es crucial para la supervivencia de las librerías en un entorno cada vez más competitivo.
La historia de Lucien Zahar y otras librerías similares es un testimonio de la resistencia cultural en un mundo que parece haber olvidado el valor de los libros impresos. A medida que la digitalización avanza, es fundamental recordar que las librerías no son solo negocios; son espacios de encuentro, aprendizaje y cultura. La lucha por mantener estas instituciones vivas es, en última instancia, una lucha por preservar nuestra historia y nuestro futuro literario.


