En el oeste de La Guaira, conocida como Ciudad Chávez, los terremotos del 24 de junio dejaron una estela de destrucción. Entre los escombros, Karolyn Sánchez, una mujer de 37 años, lucha por recuperar lo poco que le queda de su vida. Su apartamento, ubicado en el tercer piso de uno de los 196 edificios de cuatro plantas del urbanismo Hugo Chávez, quedó inclinado sobre un montón de escombros. La inclinación es tal que le sería casi imposible no caerse a través del ventanal desde el que me grita.
Karolyn ha pasado buena parte de la mañana rescatando las pocas pertenencias que le quedan. Logró sacar dos bombonas de gas, algunas prendas de ropa y utensilios de cocina. Con el rostro cubierto de sudor, dice que cualquier ayuda es bienvenida para recuperar el resto. «Murieron siete personas en este edificio», me dice antes de romper a llorar. «No es fácil».
Una historia de pérdidas repetidas
Karolyn recuerda la felicidad que sintió en 2013 cuando le asignaron un apartamento de una habitación en el complejo de 3.200 viviendas de lo que pasó a llamarse Ciudad Chávez. Era entonces una mejora enorme para ella y sus dos hijos. Ahora tiene cuatro. Habían vivido cinco años en un refugio en Camuri Chico, después de perder su hogar en 2005 por las lluvias e inundaciones que azotaron La Guaira. Aquella era la segunda vez que se quedaba sin hogar, pues su familia también perdió todo con el deslave de Vargas de 1999, en el que murieron miles de personas.
En agosto de 2012, el entonces presidente Hugo Chávez celebró en cadena de radio y televisión que el proyecto de 196 bloques representaba a la llamada revolución bolivariana. «Apartamentos y viviendas de calidad, además subsidiadas», aseguró. Chávez nunca lograría ver el proyecto terminado. Murió de cáncer en marzo de 2013. Su sucesor y heredero político, Nicolás Maduro, inauguró parte del complejo poco más de un año después de aquella intervención televisiva de Chávez.
La controversia de los materiales de construcción
Los materiales que se usaron para la construcción de la Ciudad Chávez son ahora objeto de controversia. Karolyn, quien vivió en esos edificios por más de una década, asegura que no eran lo suficientemente fuertes para soportar el peso que cargaban. «El material no era acorde. Esa vaina no era fuerte para sostener tanto peso», afirma. Mientras señala los escombros, donde se observa acero doblado y fragmentos de madera y plástico, insiste: «Eso estaba en el aire. Eran de cartón. Tienen drywall [cartón yeso] y creo que fibra de vidrio, que no son materiales aptos para el peso que tenían».
Enyerber Pernalete, de 44 años, ahora vende cigarros frente a los escombros de lo que era su hogar. Él vivía en la planta baja con su esposa y sus tres hijos, quienes salieron ilesos. Sin embargo, lamenta la muerte de muchos de sus vecinos. «Yo había revestido todo con bloques. Todo el apartamento tenía bloques», explica. «Las ratas buscan mucho el drywall, entonces lo reforcé con bloques para que no entraran animales».
El futuro incierto de Ciudad Chávez
El urbanismo Hugo Chávez forma parte de la Gran Misión Vivienda Venezuela, uno de los proyectos más emblemáticos del expresidente y del gobierno bolivariano. Fue lanzado en 2011 con la promesa de construir millones de viviendas sociales para los sectores más desfavorecidos de la sociedad venezolana. El gobierno, ahora bajo el liderazgo de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, afirma que la misión ha entregado más de 5 millones de viviendas. Sus críticos cuestionan esas cifras.
Quince años después de su lanzamiento, el programa se encuentra bajo escrutinio, después de que muchas de sus estructuras a lo largo de la costa de La Guaira resultaran gravemente afectadas o colapsaran totalmente durante los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio. Muchos de ellos formaban parte de la OPPE (Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales) de Caraballeda y la Ciudad Chávez de Playa Grande.
En este último complejo, se estima que alrededor del 80% de sus 196 edificios colapsaron o sufrieron daños severos. El resto de las estructuras probablemente tendrán que ser demolidas. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha desestimado las insinuaciones de que muchos edificios de la Misión Vivienda resultaron afectados debido a fallas estructurales. Atribuye los daños a la magnitud de los terremotos y asegura que «el 80% de los edificios que colapsaron son de desarrollos privados».
Jhaymar Cantillos, de 30 años, dice que siempre estará agradecida con el gobierno bolivariano por haberles brindado un hogar a ella y a sus tres hijos. Pero por ahora admite que está tan traumatizada por los terremotos que prefiere dormir en una carpa en medio de la calle, justo al frente de su edificio. «Recuerdo que la torre subió y bajó. Ahí fue cuando una reja le cayó encima a mi esposo y le rompió una pierna».
Más de dos semanas después de los terremotos, la joven pasa las horas sentada en una silla bajo la sombra de un árbol. A pocos metros, sus tres hijos, de 8, 10 y 11 años, juegan con una pequeña pelota de básquetbol, con un resorte o colorean un cuaderno. Su madre dice que pese a que ama La Guaira por el sol, la playa y porque es su tierra natal, ya no quiere vivir ahí. Ahora espera que el gobierno le asigne una vivienda en otra región del país, donde no haya terremotos.



