Después de más de una década y media de gestación, el actor y director mexicano Gael García Bernal estrena ‘Hombre al agua’. La película, que ya ha pasado por los festivales de Venecia y Toronto, se plantea como una comedia dramática que aborda la paternidad, la crisis de la masculinidad y la manipulación del poder en la región.

En el centro de la trama está Camilo, interpretado por el propio Bernal, un salvavidas cubano que rescata a un empresario mexicano, Abel. Este último, agradecido, invita a Camilo a México para convertirlo en su mano derecha. Allí el cubano conoce a Juana, la hija de Abel, contra quien contrae matrimonio y forma una familia. La aparente bonanza se desmorona cuando Camilo descubre que todo forma parte de un plan maquiavélico de control y explotación.

El origen de la historia y su carga política

Bernal cuenta que la idea nació al imaginar tres escenas cotidianas donde la pareja es interrumpida por su bebé y el padre se refugia en una telenovela brasileña. En ese momento, el expresidente Luiz Inácio Lula estaba en prisión, lo que le sirvió de punto de partida para mezclar la política brasileña con la dramaturgia televisiva. Así, surgió una geoda narrativa que combina realismo social y absurdo, y que permite cuestionar la masculinidad y el uso del poder en América Latina.

El guion, coescrito con Mariano Pensotti, introdujo desde el principio un universo metacinético una película dentro de la película, biografías cambiantes, una telenovela y hasta fragmentos de documental. Este recurso pretende que el cine sea “el espejo donde la sociedad ve sus propias máscaras”, como explica Bernal, aludiendo a la tradición de directores como Tomás Gutiérrez Alea, Luis Buñuel y Jean-Luc Godard.

Metacine, humor y la crisis de la masculinidad

‘Hombre al agua’ se inscribe en el subgénero del metacine donde la obra reflexiona sobre sus propios códigos, procesos creativos y la naturaleza ficticia del relato. La película combina la ironía de una coma de los años 2000 con la urgencia de denunciar la machosfera contemporánea. Camilo, como personaje, debe desempeñar varios roles (padre, esposo, guardaespaldas, jefe de gabinete) y su masculinidad se ve bombardeada por expectativas contradictorias.

Bernal asegura que el humor es la herramienta más eficaz para desarticular “verdades incómodas”. Según él, la comedia es frecuentemente subvalorada, pero permite abrir, desprender y desmantelar estructuras de poder, tal como lo demostraron cineastas como Ettore Scola o Miloš Forman. En la película, la risa sirve para exponer la simulación que sostiene a los privilegiados y a la vez para revelar la vulnerabilidad humana detrás de la fachada.

Herencia, poder y la visión de Bernal

Un tema recurrente en la obra del director es la obsesión por la herencia lo que se recibe de los padres y cómo se transforma en una carga psicológica. En la entrevista, Bernal admite que le fascina observar a quienes heredan dinero o cargos de poder y construyen una “arquitectura psicoanalítica” para vivir sin sentir el peso de sus privilegios. Esta crítica se extiende a la crisis democrática de la región, donde magnates convierten la política en un espectáculo al estilo de un reality show.

Al cerrar la película, Bernal opta por una estructura aristotélica que deja la pregunta abierta: algo bueno debe surgir de los conflictos. El propio director señala que actuar y dirigir al mismo tiempo resultó agotador, pero que la experiencia le brinda la confianza para seguir explorando preguntas difíciles mediante el humor. En palabras del cineasta, “el bien común ya no es una consigna política, sino una responsabilidad que cada uno debe asumir”.