En la ceremonia del Te Deum celebrada en la Catedral Metropolitana, el arzobispo Jorge García Cuerva lanzó un llamado urgente a la clase política: menos confrontación y más diálogo. El oficio, que se realiza en torno al 25 de Mayo como conmemoración de la Revolución de Mayo, tuvo como foco central la denuncia de tensiones crecientes y la advertencia sobre una posible parálisis social. Frente al presidente Javier Milei y a gran parte de su gabinete, el prelado insistió en reparar los vínculos comunitarios y en priorizar la escucha de quienes sufren la pérdida de trabajo y oportunidades.
El tono de la homilía combinó referencias bíblicas con observaciones sobre la realidad contemporánea: García Cuerva resaltó la importancia del bien común y la necesidad de respetar la diversidad de opiniones sin caer en descalificaciones. Denunció la violencia verbal que circula en espacios públicos y digitales y condenó prácticas que, a su juicio, rompen la fraternidad social. Al mismo tiempo, puso el acento en la responsabilidad de los dirigentes para construir consensos que mitiguen la angustia de sectores golpeados por ajustes económicos y desempleo.
Contenido del mensaje
El arzobispo se apoyó en la idea de que una comunidad no se reduce a la suma de individuos, sino que requiere reconocimiento mutuo y prioridades compartidas. Para ello apeló a textos litúrgicos y a una reflexión sobre la diversidad como recurso social, no como causa de ruptura. Reclamó específicamente que cesen las descalificaciones y los discursos que alimentan la polarización, y pidió abandonar el lenguaje ofensivo, la impugnación inmediata y la difamación que circula en ciertos ámbitos.
Rechazo a la incitación y las agresiones en redes
En un pasaje directo a la dinámica pública actual, García Cuerva aludió a los llamados haters y al terrorismo en redes, calificando a esas prácticas como formas de violencia que dañan el tejido social. Señaló que la comodidad de autoridades o comentaristas alejados de la vida cotidiana facilita juicios desde la tribuna y la pantalla, y pidió mayor sensibilidad hacia quienes sostienen trabajos humildes o atraviesan situaciones de exclusión.
Contexto socioeconómico
El llamado pastoral llegó en un marco de profundas modificaciones económicas: el país atraviesa más de dos años de políticas de ajuste que, según la iglesia y diversos analistas, dejaron consecuencias visibles en el empleo y en el poder adquisitivo. El arzobispo recordó a grupos vulnerables como ancianos, chicos, enfermos y trabajadores precarizados y vinculó su mensaje con el impacto de los recortes. Criticó, sin nombrarlo textualmente, el estilo de recortes que el gobierno denominó motosierra, y advirtió que la eliminación de un déficit fiscal no debe hacerse a costa del bienestar básico de amplios sectores.
Indicadores y percepción pública
Encuestas privadas reflejan una caída en la confianza hacia el gobierno durante los meses recientes y un crecimiento de la inquietud por salarios y desempleo, datos que el arzobispo incorporó implícitamente a su diagnóstico. La combinación de desaceleración económica y pérdida de puestos de trabajo alimenta, según la interpretación del obispo, el riesgo de una fractura que no solo es económica sino también social y cultural.
Política, símbolos y ausencias
La presencia del presidente Milei, de su hermana Karina y de la mayor parte del gabinete subrayó el carácter político del acto. Al mismo tiempo, destacó la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, que no fue invitada, un dato que algunos analistas interpretaron como expresión de tensiones internas en el Ejecutivo. El arzobispo, sin personalizar en ataques, reclamó una conducta pública menos agresiva y más orientada al encuentro, para que la acción política no quede reducida a declaraciones beligerantes.
Para cerrar, García Cuerva formuló una petición concreta: que los actores públicos comiencen a desmontar el lenguaje hostil, limiten la ostentación y el despilfarro y trabajen por sanar la parálisis social que afecta a muchas familias. El llamado a la reconciliación fue planteado como una tarea colectiva que interpela tanto a los gobernantes como a la sociedad civil, con el objetivo de reconstruir lazos y priorizar el servicio a quienes más lo necesitan.
