El tradicional acto religioso por el 25 de mayo en la Catedral Metropolitana tuvo una ausencia que marcó la agenda política: la vicepresidenta Victoria Villarruel no fue incluida en la lista de la comitiva oficial. La decisión de no cursar la invitación corrió por cuenta de la Secretaría General de la Presidencia, conducida por Karina Milei, que actuó a través de Ceremonial y dejó fuera a la titular del Senado pese a que otros parlamentarios sí recibieron el llamado. La omisión se interpretó como un nuevo capítulo del distanciamiento entre Villarruel y el presidente Javier Milei, que en esta ocasión presidió la ceremonia dentro del templo.
La escena en la catedral, donde el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, ocupó un lugar en primera fila junto a Milei, alimentó lecturas sobre jerarquías internas y rupturas protocolares. Tradicionalmente ambas autoridades asisten juntas al Tedeum, por lo que la ausencia de la vicepresidenta tomó valor simbólico más allá del gesto personal. Ante el silencio institucional en torno a los motivos puntuales de la exclusión, la propia Villarruel recurrió a sus redes para ofrecer una lectura histórica y religiosa del hecho y para plantear preocupaciones contemporáneas.
El mensaje público de Villarruel y su mirada histórica
Desde su cuenta en X, la vicepresidenta difundió un texto que recuperó la idea de un pasado fundacional. En él sostuvo que la Revolución de Mayo se arraiga en un humanismo católico forjado en las aulas y en una visión de libertad que respeta la dignidad humana bajo un orden natural y divino. Además, evocó su visita a la Basílica María Auxiliadora y San Carlos, templo al que vinculó con los primeros años del papa Francisco, y pidió protección a la Virgen por la Patria en momentos difíciles. El tono combinó reivindicación patrimonial con una apelación a la unidad, la fortaleza y la paz.
Relación con la Iglesia y la referencia a la encíclica sobre IA
En el mismo posteo, Villarruel celebró la publicación de la primera encíclica del pontífice identificado como León XIV, titulada «Magnifica humanitas», y subrayó su contenido sobre la Inteligencia Artificial. Según su lectura, el documento insta a considerar que la IA no es moralmente neutra y advierte sobre la necesidad de controlar o desarmar tecnologías que puedan subordinar al ser humano. La vicepresidenta vinculó esa advertencia con la defensa de la soberanía y la dignidad humana, presentando la cuestión tecnológica como otro frente donde se juegan los valores fundacionales de la Nación.
La homilía en la Catedral y las lecturas políticas
Durante la ceremonia, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pronunció una homilía que puso el acento en la fragmentación social y la necesidad de diálogo. Con mensajes directos hacia la dirigencia, llamó a abandonar la polarización y a reconstruir vínculos comunitarios, alertando sobre un desmembramiento social y criticando la ostentación y la desconexión frente a quienes sufren por la falta de trabajo, educación y oportunidades. Sus palabras fueron interpretadas por distintos actores como un reproche a la dinámica de confrontación política vigente.
Reacciones institucionales y pedidos de pesquisa
La exclusión también derivó en respuestas administrativas y judiciales. Fuentes del Arzobispado aclararon que la confección de la lista de invitados es responsabilidad del Ejecutivo, y un abogado particular, Javier Ignacio Baños, presentó una denuncia solicitando que se investigue si la no invitación constituyó abuso de autoridad o violencia institucional. El planteo pide indagar el accionar de la Secretaría General, Ceremonial, Protocolo y otras áreas vinculadas, y reclama que la pesquisa incorpore una perspectiva de género conforme a la Ley 26.485.
Impacto político y símbolos en disputa
Más allá del recurso legal, la ausencia de Villarruel en el Tedeum alimenta la percepción de una fractura interna en el espacio del Gobierno. En años previos la formalidad institucional había preservado la imagen conjunta, incluso cuando la relación personal ya mostraba fisuras. El gesto protocolar de este 25 de mayo, combinado con la homilía e intercambios públicos entre los protagonistas, dejó en evidencia que la liturgia religiosa volvió a convertirse en un escenario político donde se exhiben alianzas, distancias y mensajes hacia la sociedad.
