Flex, la empresa de manufactura con sede en Austin, Texas, comunicó una inyección de capital por US $1,000 millones en México destinada a ampliar su capacidad de manufactura avanzada. El proyecto se distribuirá a lo largo de los próximos dos años y está orientado a la producción de equipos que soporten la operación de centros de datos y soluciones de inteligencia artificial. En la presentación oficial participaron el secretario de Economía Marcelo Ebrard y Guillermo del Río, director senior de desarrollo comercial y relaciones gubernamentales de Flex, junto con autoridades del gobierno federal.
Esta inversión representa el mayor desembolso de Flex en México desde su llegada hace cuatro décadas y se suma a los US $2,300 millones que la compañía ha invertido en el país durante los últimos diez años. Con una plantilla actual de aproximadamente 40,000 empleados y ocho plantas operando en territorio mexicano, Flex reafirma a México como un eje de producción tecnológica y ensamblaje avanzado en la región.
Detalle de la apuesta: qué se va a producir
Según lo declarado por Del Río, la planta en Guadalajara ya fabrica todos los componentes necesarios para poner en marcha un centro de datos, y la nueva inversión permitirá escalar la capacidad para fabricar, ensamblar y probar equipos de alta complejidad. El objetivo es que esos procesos de alto valor agregado se realicen dentro de México, aprovechando la experiencia local en metales y plásticos, aunque aún existe dependencia de insumos electrónicos importados. La decisión se basa en la demanda creciente por infraestructura tecnológica derivada del impulso a las telecomunicaciones y la adopción masiva de soluciones basadas en IA.
Impacto en empleo y en la cadena de suministro
Flex proyecta la creación de aproximadamente 5,000 nuevos puestos de trabajo como resultado directo de esta inversión, además de un efecto multiplicador en proveedores y servicios auxiliares. Del Río subrayó que muchos materiales, como los metales y los plásticos, ya se producen en México, lo que facilita la integración local de la cadena de suministro. Sin embargo, la electrónica sigue siendo un cuello de botella que la compañía buscará mitigar mediante acuerdos con socios y potenciales proveedores nacionales e internacionales para reducir la dependencia externa.
Proveedores y componentes clave
En esta fase de expansión, la estrategia incluye promover a proveedores mexicanos para piezas mecánicas, carcasas y procesos de ensamblaje, complementados por componentes electrónicos importados que se ensamblarán y testearán en plantas locales. Esta combinación pretende aumentar el contenido nacional en productos finales y atraer inversión adicional a los clústeres industriales relacionados con telecomunicaciones y equipamiento de centros de datos. La apuesta es que, con el tiempo, más eslabones de la cadena puedan localizarse en México.
Presencia actual y experiencia tecnológica
Flex ya produce en México dispositivos sofisticados, como camas hospitalarias capaces de detectar condiciones óseas a partir de sensores integrados, un ejemplo de la capacidad de la firma para combinar diseño, ingeniería y manufactura. Esa experiencia respalda su plan de fabricar equipos de soporte para inteligencia artificial y centros de datos, trasladando procesos complejos de validación y control de calidad al país para garantizar estándares internacionales.
Consumo energético y el rol de Guadalajara como centro de pruebas
El plan contempla concentrar las operaciones de producción intensiva en energía en Guadalajara, donde el proceso de pruebas de equipos requiere consumo eléctrico elevado. Del Río señaló que la demanda energética asociada a las pruebas será comparable a magnitudes importantes: se estima un consumo siete veces mayor al que registra el puerto de Manzanillo, una indicación del nivel de infraestructura que se pondrá en marcha. La compañía deberá coordinarse con autoridades y proveedores de energía para asegurar la capacidad necesaria y cumplir con normativas ambientales y de suministro.