Antes de volar hacia el Mundial de México, aquel plantel argentino resolvía sus entrenamientos donde el clima y las circunstancias lo permitían. Desde los paseos de los Bosques de Palermo hasta un jardín escultórico en Oslo, el equipo dirigido por Carlos Bilardo mostró capacidad de adaptación. En paralelo, la figura de Diego Armando Maradona aún no formaba parte de la concentración principal, pero la cohesión entre los jugadores ya se percibía como un factor clave en la preparación.
La rutina habitual en Ezeiza, en las instalaciones de Empleados de Comercio, sufrió una alteración por la lluvia el miércoles 23 de abril, lo que obligó a cambiar el plan de trabajo. Bajo la supervisión del profesor Ricardo Echeverría, se programaron sesiones físicas alternativas y tareas con pelota que garantizaron el cumplimiento del plan. Ese día se priorizó que los futbolistas pudieran despedirse de sus familiares antes del viaje, manteniendo el ritmo sin perder la cercanía con sus afectos.
Rituales, misa y el asado de despedida
El plantel tuvo momentos solemnes y festivos en la previa: el martes 22 por la mañana los jugadores y el cuerpo técnico —con la excepción de Claudio Borghi y Oscar Garré— asistieron a una ceremonia en la Basílica de Luján. El entonces intendente, Rubén Darío Rampazzi, los declaró huéspedes de honor y entregó réplicas de la imagen de la Virgen a cada integrante, además de una versión de mayor tamaño que acompañaría al grupo en los festejos posteriores. Por la tarde, un asado en Ezeiza reunió a la generación que había ganado el Sudamericano Sub-16 y a los jugadores que pronto viajarían a México, celebrando el aniversario de aquel título.
Un partido entre generaciones
Como cierre de la jornada hubo un encuentro informal que enfrentó a los juveniles campeones de 1985 contra los futbolistas que partían al Mundial. El cotejo terminó 2-2 y mezcló nombres que después formarían parte de la historia: en un elenco estuvieron Pumpido, Cuciuffo, Fernando Redondo y Borghi, mientras que del otro aparecieron Islas, Clausen, Ruggeri y Garré. Los goles del partido los anotaron Borghi y Sergio Almirón para los blancos, y Diego Álvarez y Batista para los azules, en un encuentro que tuvo carácter de celebración y ensayo.
El viaje, las escalas y una llegada demorada
La delegación partió el jueves 24 de abril a las 18:15 en un avión de Iberia con quince jugadores, cinco miembros del cuerpo técnico y tres dirigentes; la ruta prevista pasaba por Madrid y Ámsterdam antes de arribar a Oslo. En el plan inicial la llegada debía producirse el 25 de abril, aunque por problemas de conexión la delegación recién puso pie en la capital noruega la mañana del sábado 26. Más adelante, en el Distrito Federal, se incorporaría el arquero Zelada al plantel que seguía completándose con los futbolistas que actuaban en Europa.
El contexto europeo y Chernóbil
Aquel mismo sábado en Europa se produjo la explosión en un reactor de la central nuclear de Chernóbil, en la ciudad de Prípiat; Noruega figuró entre los países europeos afectados por la contaminación atmosférica generada por el accidente. En la crónica de la época se ubicó a Noruega como la séptima nación europea más afectada, detrás de Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Suecia, Finlandia y Austria, y se registraron consecuencias humanas y ambientales que todavía generan debate. Pese a esa noticia monumental, la delegación argentina siguió su agenda de trabajo local, sin que la catástrofe alterara su intención de entrenar.
Entrenamientos a la intemperie: el Parque de las Estatuas
Ya instalados en la capital vikinga, los entrenamientos no se llevaron a cabo en un estadio sino en el Parque de las Estatuas, conocido por las 192 esculturas del artista Gustav Vigeland que flanquean los accesos. Allí, el profesor apodado Yacaré —Ricardo Echeverría— improvisó sesiones de trote, ejercicios con pelota y un picado informal que terminó con la participación de Carlos Bilardo y el entrenador de arqueros. Ese paisaje escultórico fue el escenario de rutinas prácticas y de una anécdota más: el equipo encontró en un parque público el espacio suficiente para mantener la intensidad que requería la preparación.
Contrastes y destino
En contraste con aquella logística humilde y las noticias de ese fin de semana, la Selección Argentina viajaba con la convicción de competir. A pocos días de aquel entrenamiento en Oslo, el equipo cayó 1-0 frente a una selección noruega que entonces no tenía la jerarquía actual, liderada años después por figuras como Erling Haaland. Esa derrota amistosa no impidió que aquel grupo humano, con sus rituales, asados y traslados improvisados, conquistara la gloria en México. La historia muestra cómo la profesionalidad y las pequeñas resoluciones diarias —adaptarse al barro, buscar un parque o compartir una misa— formaron parte del camino hacia el título.