Saltar al contenido
4 junio 2026

El precedente de Rosas y el debate sobre el Central Bank en la agenda política

Un recorrido en clave política e histórica que une la decisión de Juan Manuel de Rosas de clausurar el Banco Nacional con las críticas actuales al Central Bank, sus restricciones cambiarias y las promesas presidenciales de reformarlo o eliminarlo.

El precedente de Rosas y el debate sobre el Central Bank en la agenda política

Hace casi dos siglos, la decisión de Juan Manuel de Rosas de clausurar el Banco Nacional marcó un hito que suele pasar desapercibido entre los episodios más extremos de su mandato. Aunque se trata de un hecho del pasado, vuelve a ser relevante cuando la discusión pública se centra en la propuesta de dinamitar o transformar el Central Bank. Este artículo examina los motivos históricos, las transformaciones institucionales y las consecuencias políticas que conectan aquel cierre con las tensiones presentes.

El cierre del Banco Nacional en 1836 respondió, en buena medida, a recelos políticos y regionales: la institución había nacido en 1822 por impulso de Bernardino Rivadavia y fue interpretada por Rosas como un instrumento vinculable a intereses unitarios. Sus funciones terminaron siendo asumidas por el Banco de la Provincia de Buenos Aires (hoy Bapro), también creado en 1822, lo que demuestra que la gestión de la liquidez estatal y la desconfianza hacia instituciones financieras públicas no son un invento contemporáneo.

¿Por qué importa la historia hoy?

En el presente, la existencia del Central Bank es vista por muchos como una norma casi universal: la mayoría de los países cuentan con una autoridad monetaria propia. Sin embargo, hay excepciones como microestados o economías dolarizadas. Más allá de la presencia física del banco, la discusión gira en torno a su independencia, su capacidad para acumular reservas y la credibilidad frente a inversores externos. Las críticas no sólo son ideológicas, sino que se relacionan con decisiones concretas y nombres propios.

Credibilidad y gobernanza

La confianza se erosiona cuando se percibe una proximidad entre autoridades del banco y funcionarios del Ejecutivo o empresarios. Un ejemplo citado frecuentemente es la relación entre el gobernador Santiago Bausili y el ministro de Economía Luis ‘Toto’ Caputo, cuya vinculación empresarial suele aparecer en análisis de riesgo país. Ese tipo de señalamientos afecta la disposición de inversores y condiciona la eficacia de las políticas monetarias.

Restricciones cambiarias, tasas y crecimiento

Las medidas conocidas como cepo y los controles de capital han tenido consecuencias diferenciales para personas y empresas. Aunque en algunos momentos se flexibilizaron restricciones para individuos, las empresas siguieron enfrentando límites para comprar dólares destinados a ahorros o remesas, obligándolas a financiar importaciones con reservas propias. A su vez, muchas utilidades empresarias quedaron convertidas forzosamente a moneda local.

Impacto macroeconómico

Las tasas de interés elevadas que se aplicaron para contener fugas de capital y estabilizar el tipo de cambio tuvieron un efecto contractivo sobre la actividad económica. La respuesta del banco ante presiones cambiarias —y la posterior transmisión con el famoso desfase temporal de las políticas monetarias— contribuyó a una desaceleración que repercutió en la aprobación gubernamental. Las opiniones de economistas como Domingo Cavallo, que abogan por eliminar el cepo para reducir el riesgo país, ilustran el Debate técnico-político en curso.

Origen institucional y transformaciones del banco

El actual Central Bank tiene su génesis en 1935, en un contexto internacional marcado por la Gran Depresión y el abandono del patrón oro a finales de los años veinte y principios de los treinta. La iniciativa fue impulsada por el economista Raúl Prebisch y el ministro Federico Pinedo, y se integró como una institución con capital mixto entre el Estado y la banca privada, aunque su trayectoria posterior estuvo signada por nacionalizaciones y fuertes intervenciones políticas.

En 1946, con la llegada de Juan Domingo Perón, el banco fue nacionalizado y pasó a tener un rol explícito en la financiación del desarrollo y del empleo, subordinándose la acumulación de reservas a objetivos sociales y productivos. Esa lógica de subordinación a políticas públicas se repitió y transformó a lo largo de distintas administraciones, incluida la etapa militar de 1976-1983, las crisis de los años ochenta y noventa, y los cambios institucionales durante las décadas siguientes.

Décadas recientes y el dilema de la independencia

En las últimas décadas, episodios como la creación del austral en 1985 y la hiperinflación de 1989, la convertibilidad de los años noventa y las sucesivas crisis políticas perfilan un banco que ha alternado autonomía y subordinación. Durante los gobiernos kirchneristas del siglo xxi la independencia fue limitada: el despido del gobernador Martín Redrado y el uso de reservas para garantizar obligaciones externas son ejemplos. La gestión posterior también incorporó medidas de control cambiario y restricciones que incidieron en la operativa financiera.

El ascenso de Javier Milei en 2026 y sus promesas de dolarizar la economía y destruir el Central Bank reavivan interrogantes sobre la plausibilidad y conveniencia de desmontar una autoridad monetaria. Más allá del debate retórico, la experiencia histórica muestra que las soluciones técnicas dependen de instituciones, confianza y reglas que no se reemplazan sin costos políticos y económicos.

En síntesis, el pasado ofrece antecedentes útiles para comprender las opciones presentes: cerrar, transformar o preservar el banco no es sólo una cuestión técnica, sino el resultado de tradiciones políticas, equilibrios institucionales y expectativas sociales. Revisar la historia de decisiones como la de Rosas y las sucesivas remodelaciones del banco ayuda a evaluar qué cambios son posibles y cuáles resultan peligrosos para la estabilidad y el desarrollo.

Autor

AiAdhubMedia