Desde septiembre de 2023, una arpillera y un retrato del expresidente chileno Salvador Allende colgaban en la puerta principal de la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington D.C. El homenaje, aprobado por unanimidad por el Consejo Permanente de la OEA pretendía reconocer la figura constitucional del líder socialista y el golpe de Estado que marcó la historia de Chile. Tres años después, el cuadro ha sido retirado del recinto y trasladado al museo interno del organismo, mientras la placa conmemorativa sigue visible.
Decisión original y ceremonia de inauguración
En la sesión de septiembre de 2023, los 32 Estados miembros de la OEA acordaron nombrar la puerta de acceso principal con el nombre de Salvador Allende. La resolución fue adoptada por unanimidad, reflejando un consenso regional sobre la importancia de preservar la memoria del presidente derrocado en 1973. La inauguración oficial contó con la presencia del entonces presidente chileno Gabriel Boric quien aprovechó la ocasión para conmemorar los 50 años del golpe de Estado y reiterar el compromiso con la democracia y los derechos humanos.
Este reconocimiento institucional se plasmó en una placa y un retrato que, según la normativa de la OEA, debían permanecer en el lugar como testimonio permanente de la historia constitucional chilena. La decisión fue vista como un gesto simbólico que ultrapascaba lo meramente decorativo, al inscribir el nombre de Allende en la arquitectura de una organización interamericana.
Retiro inesperado del retrato
El abogado y exembajador chileno ante la OEA, Tomás Pascual explicó que la noticia del desplazamiento llegó a través de funcionarios de otras misiones diplomáticas. “No sabemos muy bien el motivo ni quién dio la orden”, señaló Pascual, añadiendo que el cuadro ahora está guardado en el Museo de la OEA. La placa conmemorativa, en cambio, sigue instalada en la puerta, lo que genera una aparente contradicción entre la preservación del símbolo y su desaparición física.
Según el exrepresentante, el acto de retirar el retrato constituye “un atentado a la resolución del Consejo y a la dignidad de las figuras institucionales del país”. Además, describió el proceso como “totalmente subrepticio” y “no transparente”, aludiendo a la falta de notificación a las demás misiones y a la ausencia de precedentes similares dentro de la organización.
Reacciones políticas y controversia
El Partido Socialista emitió un rechazo enérgico, calificando la medida de “agravio a la memoria histórica de Chile y a los valores democráticos del continente”. En un comunicado, el partido recordó que el homenaje no era un gesto circunstancial, sino un “reconocimiento institucional a un presidente democráticamente elegido, derrocado por un golpe militar que dio inicio a una dictadura marcada por graves violaciones de derechos humanos”.
Pascual también vinculó el episodio a una tendencia que él atribuye a la ultraderecha latinoamericana, citando como ejemplo la postura del expresidente de EE. UU. Donald Trump, quien había promovido la retirada de obras en diversos museos. En tanto, la misión chilena ante la OEA, encabezada por el embajador Juan Luis Castro afirmó haber realizado gestiones para que tanto la placa como el cuadro permanecieran según lo dispuesto en la resolución, aunque la decisión final quedó en manos de la propia organización.



