Un crecimiento que se tambalea
Desde que Brasil logró recuperarse del impacto más severo de la pandemia de Covid-19, el país ha experimentado un crecimiento económico que superó las expectativas durante cuatro años consecutivos. Sin embargo, la reciente publicación del Producto Interno Bruto (PIB) por parte del IBGE ha dejado a muchos analistas cuestionando la sostenibilidad de este fenómeno. Con un crecimiento del 3,4% en 2024, a primera vista, parece que la economía sigue en pie. Pero los resultados del último trimestre, donde el PIB apenas creció un 0,2%, sugieren que la situación es más compleja de lo que parece.
El papel del gasto público
Las evidencias apuntan a que el notable aumento en la producción y los ingresos durante este periodo se debe en gran medida a un incremento desmesurado del gasto público. Este gasto, que comenzó como una respuesta a la pandemia, se intensificó durante la campaña de reelección de Jair Bolsonaro y ha alcanzado nuevos niveles bajo la administración de Luiz Inácio Lula da Silva. En 2023, las despesas federales superaron en un 14,5% los niveles de 2019, ajustados por inflación, lo que plantea serias dudas sobre la sostenibilidad de esta trayectoria.
Inflación y tasas de interés: un cóctel peligroso
El mismo gasto que ha impulsado el PIB también ha generado distorsiones que amenazan la actividad económica y el empleo. Con una inflación proyectada del 5,65% para 2024 y tasas de interés que podrían alcanzar el 15% anual, la situación se torna crítica. Estas condiciones no solo afectan el crédito y la demanda, sino que también impactan directamente en el consumo de las familias, que ha mostrado un descenso del 1% al final del año pasado. Este retroceso es un claro indicador de que el crecimiento económico podría estar perdiendo impulso.
El camino hacia un crecimiento sostenible
Para Brasil, el desafío radica en elevar la tasa de inversión y productividad, que actualmente se sitúa en un 17% del PIB, muy por debajo de los estándares globales. La clave para lograr un crecimiento económico duradero no reside en un intervencionismo estatal, sino en establecer reglas claras y estables, así como en garantizar una estabilidad monetaria. La confianza de los consumidores y empresarios será fundamental para la prosperidad futura del país.


