El Negro Francisca Duarte II zarpó de las Galápagos el 17 de marzo, a la una y media de la tarde, con dieciséis pescadores a bordo, tras dos semanas de labor en el Pacífico ecuatoriano. A 170 millas náuticas de la zona y con la proa bajo el sol, la tripulación disfrutaba de un breve descanso cuando un marinero avisó: «Capitán, aquí vienen dos drones cerquita del barco». La respuesta de Hernán Flores capitán y propietario, fue despreocupada: «Déjalos, que seguro están filmando», momentos antes de que una fuerte explosión sacudiera la cabina de mando.

Explosión en el Negro Francisca Duarte II

El estruendo dejó un chirrido agudo y una corriente de sangre en la cabeza de Flores, que constató una herida en el pie de Jordy, uno de los pescadores. El caos se desató: el fuego se propagó, otro estallido obligó a abandonar la embarcación y varios tripulantes cayeron al agua mientras intentaban subir a los botes auxiliares. Un extintor fue usado sin éxito y la embarcación se volvió una plancha incandescente. Entre la confusión, el dron que había sobrevolado la cubierta quedó abandonado; Flores describió su aparato como pequeño, con cuatro aspas y un tubo central, y advirtió que «eso va a explotar».

Secuestro y entrega a la Marina de El Salvador

Una vez en los botes, la tripulación intentó acercarse a un barco azul avistado una hora antes, creyendo que se trataba de un atunero. El navío, sin embargo, se alejó mientras un «miniavión» circulaba sobre ellos. Cuando lograron acercarse, descubrieron que a bordo había hombres de ropa militar marrón, armados y hablando inglés. Con pistolas apuntadas, los pescadores fueron obligados a subir, esposados y cubiertos con capuchas. Interpretes exigieron que se identificaran en español y les prohibieron hablar, bajo la amenaza de «problemas».

Durante la noche, la cubierta de metal se convirtió en una superficie helada; al día, un sol abrasador. Solo se les proporcionó un botellín de agua y mantas térmicas de aluminio de emergencia. Al alba, el embarcón, que las autoridades describen como una «nave gringa», entregó a los sobrevivientes a la guardia costera de El Salvador, donde fueron asistidos y remitidos a su país para gestionar el regreso a Ecuador.

Paralelismos con la operación Southern Spear

El incidente guarda similitudes con los alrededor de 70 ataques atribuidos a Estados Unidos bajo la operación Southern Spear iniciada en septiembre de 2025 en el Caribe y el Océano Pacífico. En esos casos, las fuerzas estadounidenses alegaron destruir supuestas embarcaciones «narcoterroristas». Sin embargo, el caso del Negro Francisca Duarte II es uno de los tres en los que EE.UU. niega responsabilidad; los otros dos ocurrieron el 26 de marzo (barco Don Maca) y el 20 de enero (barco Fiorella). El Comando Sur de EE.UU. declaró desconocer los hechos.

El presidente del CDH Guayaquil, Billy Navarrete señaló un patrón: vigilancia previa con drones o barcos, explosiones simultáneas y posterior captura en naves estadounidenses con esposas, capuchas y falta de información sobre el destino. En el caso del Fiorella, los restos no fueron hallados, pero se encontró su espinel y se sospecha una operación encubierta de la CIA, según un informe de The Washington Post, aunque la agencia no ha respondido a la solicitud de BBC Mundo.

Flores recordó que unas horas antes del ataque su barco había sido inspeccionado por la Guardia Costera ecuatoriana durante casi cuatro horas, con revisión exhaustiva de la carga y de los rastreadores satelitales obligatorios. Aun así, el dron llegó, la explosión ocurrió y, según él, «si ellos tenían tantos recursos, ¿por qué nos bombardean?». Navarrete añadió que la calificación de «náufragos» usada por las autoridades estadounidenses contraviene el trato que corresponde a personas detenidas, vulnerando la presunción de inocencia, la libertad y la integridad física.

Ante la falta de respuestas de las autoridades ecuatorianas, los pescadores y sus familias expresan sensación de abandono. La Fiscalía abrió una investigación, pero según Navarrete, el proceso avanza lentamente y la Capitanía de Puertos no brinda la colaboración esperada. En otro caso relacionado, un tribunal de Manta absolvió a 32 pescadores acusados de asociación para delinquir tras la hundida de los barcos María Candelaria y Conquista II, supuestamente involucrados en abastecimiento de lanchas de narcotráfico, aunque la evidencia no fue probada.