En medio de un paisaje de colinas ondulantes a 30 kilómetros al noreste de Jerusalén, Taybeh, el último pueblo completamente cristiano de Cisjordania, se encuentra bajo una presión sin precedentes. Con apenas 1.500 habitantes, esta comunidad, donde el 100% de la población profesa la fe cristiana, se enfrenta a una creciente ola de violencia y asentamientos ilegales que amenazan su existencia histórica.
El papa León XIV ha condenado los actos de violencia contra la población civil palestina en Cisjordania, urgiendo a la comunidad internacional a avanzar hacia una solución de dos Estados para lograr una paz justa y duradera. Su llamado se produce en un contexto de escalada de violencia por parte de colonos israelíes contra comunidades palestinas.
La situación crítica en Taybeh
Taybeh, conocido por ser el único pueblo con una población 100% cristiana en Cisjordania, se ha convertido en el blanco de ataques brutales por parte de colonos israelíes. La situación es tan grave que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han declarado la zona como área militar cerrada una medida que, según los habitantes, los aísla y desprotege en lugar de brindar seguridad.
La comunidad de Taybeh ha vivido en relativa paz durante décadas, a pesar de los conflictos en la región. Madees Khoury directora ejecutiva de la Cervecería Taybeh, fundada por su familia en 1994, expresa su sorpresa ante la situación actual: «Jamás imaginé que llegaríamos a esta situación». La cervecería, un símbolo de resistencia y cultura local, ha visto caer sus ingresos en un 80% debido al desplome del turismo y las trabas comerciales impuestas por las autoridades israelíes.
El impacto económico y social
El impacto de los ataques de los colonos no se limita a la violencia física. La economía local ha sufrido graves consecuencias. Roland Basir quien invirtió cerca de cinco millones de dólares en una cantera y una fábrica de bloques de hormigón, ha visto cómo su negocio ha sido destruido por los colonos. «Se han quedado con la cantera, con la fábrica y con la tierra. ¿Qué les queda por quitarnos? ¿A mis hijos? ¿Mi casa?», lamenta Basir.
Además, los colonos han asumido el control de recursos vitales como el manantial de Ein Samiya, histórico punto de abastecimiento de agua para la cervecería local y las comunidades vecinas. El alcalde de Taybeh, Suleiman Khourieh denuncia que los colonos han ocupado su viñedo y el pozo de agua adyacente, cortando los candados e instalando tiendas de campaña.
La respuesta de la Iglesia y la comunidad internacional
El cardenal Pierbattista Pizzaballa patriarca latino de Jerusalén, ofició una misa en Taybeh, reafirmando el compromiso de la Iglesia con sus fieles frente a los crecientes ataques. El padre Bashar Fawadleh párroco latino de la iglesia del Cristo Redentor en Taybeh, ha denunciado una «estrategia deliberada de acoso para crear un clima de terror y forzar a las familias a marcharse».
La comunidad internacional, incluyendo la ONU, ha expresado su alarma por el aumento de los asentamientos y los llamados al castigo colectivo. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha advertido sobre una peligrosa escalada en la zona, comparándola con la situación en la Franja de Gaza.
Pese a la zozobra y la incertidumbre, los habitantes de Taybeh insisten en que abandonar el pueblo no es una opción. «Somos cristianos palestinos y hemos estado en este pueblo desde que Cristo caminó por él. Aunque muramos, nos enterrarán aquí, porque esta es Tierra Santa», afirma el alcalde Khourieh.



